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Unidad Nacional: Una imagen de los Hermanos Mayo

4 Jun
Publicado originalmente el 29 de noviembre de 2010.
El 15 de septiembre de 1942 la sociedad mexicana concurre a la magna celebración del aniversario de la Independencia Nacional. En el podio un hombre habla, en la plaza miles escuchan. 

Pueblo de México: En estos días, en que celebramos la proclamación de la Independencia, debemos aproximarnos con emoción a la realidad intrínseca de la Patria. Han transcurrido 132 años desde aquel en que nuestro pueblo rodeó en Dolores, al hombre de iluminada visión que tan merecidamente llamamos el Padre Hidalgo. .
.. Ninguna amargura nos fue evitada durante el proceso que requería la organización autónoma del país. Cuántos dolores parecía augurarnos el nombre mismo de la ciudad en que sonó por primera vez la campana inmortal de la Independencia, nuestras masas los han sufrido sin una queja, con ese heroísmo que hizo de bronce la intrepidez de Cuauhtémoc, la resolución de Morelos y la tenacidad ejemplar de Benito Juárez.
[1]
Junto al hombre, los hombres. El presidente, los ex presidentes, herederos de Hidalgo y de Juárez, los dioses de la política nacional desde 1920. Hijos de la revolución. Los tlatoanis del pueblo de los dolores, que una vez más se duele por la guerra. Siete hombres que a veces tendían la mano y a veces tendían la trampa, los unos contra los otros, contra uno, contra todos.
En 1920, después de cinco años de guerra civil, el ejército constitucionalista se hace con el poder y controla la mayor parte del país, aunque persiste un gran número de los antiguos líderes revolucionarios estos se hayan inconexos entre sí y, a excepción de los zapatistas, carecen de un plan político o de gobierno. El primer presidente del nuevo régimen constitucional, antes Primer Jefe de la Revolución, Venustiano Carranza, postula como candidato a la presidencia, pretendiendo imponerlo en el cargo, al civil Ignacio Bonillas, hombre con poco reconocimiento popular y de breve trayectoria política. Esto desencadena un conflicto armado con las facciones revolucionarias que le eran fieles y cuyos líderes esperaban una mayor incidencia en el poder, lo que desemboca en una división del grupo revolucionario constitucionalista: los leales a Carranza y los leales a Obregón, conocidos como Grupo Sonora[2] que se levantan en armas blandiendo el Plan de Agua Prieta promulgado por el gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta. [3]
La rebelión agua prietista triunfa en mayo del mismo año y consigue que de la Huerta sea electo por las cámaras como presidente interino siendo su responsabilidad convocar a elecciones para el período 1924-1928. Durante su período se disuelven todos los grupos armados del país consolidando con ello la hegemonía del grupo Sonora[4]. A partir de la presidencia de Adolfo de la Huerta, el país inicia un largo proceso para encontrar una fórmula para la sucesión gubernamental, “… la victoria del grupo en el poder, cuyo soporte principal era aún el de las armas, debería transformarse en un verdadero triunfo social y político, produciendo un Estado auténticamente nacional e indiscutible, por ser más representativo y poderoso que cualquiera de los intereses en pugna. Para lograr tales propósitos era necesario transformar en actos positivos el compromiso constitucional de 1917. Así, en la medida en que el gobierno diera satisfacción a las necesidades y aspiraciones de los campesinos y los obreros, estos se identificarían con él y lo apoyarían. De esta manera, también, las fuentes del poder serían otras que las puramente militares.[5]”
Esa fórmula se presentaría con el gobierno de Lázaro Cárdenas y se consolidaría con el de Manuel Ávila Camacho: el presidencialismo. Sin embargo, las dos décadas transcurridas desde la caída de Carranza estuvieron plagadas de levantamientos, rencillas y fuertes crisis del ejercicio del poder.
Ocho gobernantes tuvieron los mexicanos durante este período. En 1920 Manuel, Lázaro, Pascual, Abelardo, Plutarco y Adolfo se rebelaron contra la imposición presidencial que pretendía Carranza. Adolfo fue presidente interino y Pascual fue su secretario. En 1923 Adolfo se levantó en armas contra la imposición de Plutarco en la presidencia dictada por Obregón. Manuel, Lázaro y Abelardo lo combatieron. Plutarco fue presidente y Adolfo se exilió en EEUU, Plutarco mandó a Pascual a Alemania. En 1928 Plutarco impuso a Emilio en la presidencia, mientras Manuel y Abelardo combatían a los Cristeros. En 1929 Emilio firmó la paz con los cristeros y rompió relaciones diplomáticas con la URSS. En 1930 Pascual es elegido presidente y Emilio fue su secretario. En 1932 por resistirse a su control Plutarco obliga a Pascual a renunciar e impone a Abelardo como presidente. Lázaro es secretario de Abelardo y en 1935 es electo presidente, Manuel es su secretario. Durante su período expropia tierras de familiares de Plutarco y Emilio, y clausura los negocios de apuestas que poseía Abelardo. En 1936 expulsa a Plutarco del país. En 1939 Plutarco intenta una intervención extranjera para deponer a Lázaro quien invita a Adolfo a regresar al país y Manuel es electo candidato presidencial contra las opiniones de Emilio, Abelardo y Pascual. Manuel sube al poder tras unas controvertidas elecciones en 1940. Dos años después convoca a la magna ceremonia donde los siete se encuentran por única vez.
Todos tenían una noción diferente de los términos que debían regir la entrega del poder, lo cual los enfrentó unos con otros durante 26 años, y los convirtió en las máximas figuras de poder en la política mexicana de ese período. 

El 28 de mayo de 1942 México declaró la guerra a las Potencias del Eje a raíz del hundimiento de los buques petroleros “Faja de oro” y “Potrero del llano” por submarinos alemanes en aguas del Golfo de México[6], el ingreso a la Segunda Guerra Mundial requería un inmenso apoyo popular respaldado en un discurso conciliador. La unión hace la fuerza, unión contra el enemigo, unidad ante la guerra, unión ante el peligro: Unidad Nacional. Para lograr la unidad: olvidar las rencillas, afianzar amistades, concurrir todos juntos a la celebración de la unidad misma. El 15 de septiembre siete ex presidentes[7] concurrieron al zócalo de la Ciudad de México, olvidando los exilios, los levantamientos, los intentos de asesinato, olvidando los odios mutuos para unirse en tiempos de crisis, en tiempos de guerra. Nunca antes había sucedido y nunca más sucederá de nuevo, juntos, de pie en el estrado, en el mismo tiempo, en el mismo lugar, en la misma fotografía. Con qué cara te paras junto al enemigo, con qué perfil le sonríes a quien te forzó al exilio, con qué gesto saludas a las masas que aclamaron a tu némesis y te vituperaron ampliamente. Con que porte se soportan unos a otros, personificando la Unidad Nacional.
El 28 de mayo último, el país, por medio de sus representantes legales, afrontó, en el Congreso de la Unión, el problema político de la guerra. Hoy en esta Plaza de Armas –que a través de todas las contingencias, ha constituido siempre el ágora nacional- es el pueblo mismo el que viene a sellar los compromisos contraídos por el Gobierno.
… los tres colores de nuestro pabellón flamearán con honra, a los libres vientos de un mundo que está resuelto a luchar hasta el último extremo para mantener incólume la independencia, la dignidad y la democracia por la que murieron nuestros antepasados y por las que nosotros combatiremos sin restricción.
Este acto es un testimonio de fe. En este sitio, en el que palpita el corazón de la patria, ¡qué claramente oímos la voz de México!
Hemos vivido –nos dice- en la sangre y en el dolor, pero no porque amásemos la crueldad, sino porque el dolor y la sangre eran necesarios para cimentar la estructura del progreso social y de la justicia. Hemos sufrido con estoicismo todas las torturas, pero no por pasividad sino por firmeza; pues sabemos perfectamente que las grandes conquistas de la civilización solamente perduran cuando se afianzan en carne propia y cuando son el producto de una constante batalla contra las fuerzas del mal y de las tinieblas.
Hemos sido rebeldes porque no queríamos ser esclavos. Y ahora que la ola de fuego del imperialismo más arbitrario trata de reducir a cenizas nuestra existencia, aquí estamos todos, los de hoy los de ayer, los ausentes y los presentes, los que viven y los que fueron, constituyendo una unión sagrada que ningún ataque enemigo dividirá.
El pueblo de los dolores, pena una vez más por la guerra pero se alegra porque la desgracia que lo aqueja ha conseguido unir a los protagonistas de los últimos dolorosos años, los arquitectos del progreso social y la justicia del México revolucionario. Cerca los unos de los otros, uno habla, los demás en silencio miran incólumes a la multitud que no sale en la foto. El plano de la fotografía da fe de su humanidad: las arrugas en sus rostros, las corbatas diferentes, los trajes en unos los uniformes en otros; y a la vez los monumentaliza, en sus gestos, en la mirada, en su carácter de definidores de la vida nacional. Detrás, engalanado para la ocasión está el palacio desde donde gobernaron todos, de frente el pueblo al que gobernaron. La luz natural y cenital acentúa el carácter de ceremonia cívica, el plano americano que muestra la augusta solemnidad de los mandatarios acentúa la importancia de la misma, de ellos mismos.[8]
El estrado se disuelve en el anonimato de los que están pero no son nadie, los funcionarios menores en el fondo, el hombre trajeado que a todas luces viola el protocolo de la ocasión, y el equilibrista en el barandal, ajustando o cambiando el flash de su cámara, preocupado no por el momento sino por la imagen. En simetría a él se encuentra nuestro fotógrafo, por el ángulo de la fotografía es probable que el también se balancee frente a los ex mandatarios. Nuestro fotógrafo es uno de los Hermanos Mayo, nombre con el que se conoce a los fotógrafos Francisco Souza, Faustino del Castillo, Cándido Souza, Pablo del Castillo y Julio Souza, españoles que a principios de la década de los 30 fundaron la agencia de fotografía periodística Hermanos Mayo[9].
Entre la proclamación de la Segunda República Española en 1931 y el estallido de la Guerra Civil en 1936, los Hermanos Mayo trabajaron para varios periódicos liberales[10] y con algunas publicaciones más comprometidas con la izquierda[11]. Al empezar la guerra, se incorporaron en diversas unidades[12] dispersándose por toda España. Con la derrota republicana Pablo y Julio fueron encarcelados, siendo reclamados para su exilio por la embajada de México en Lisboa en 1947 y 1952 respectivamente; Paco, Faustino y Cándido fueron internados en campos de concentración franceses logrando exiliarse en México en 1939, para llegar a bordo del Sinaia con otros 1,600 refugiados españoles[13], e instalar de nueva cuenta el colectivo Hnos. Mayo.
La experiencia adquirida por ellos en la guerra, revolucionará la fotografía periodística en México, a través de un acercamiento con lo que es fotografiado y a través de la innovación técnica.
En el primer sentido el carácter fugaz pero definitorio de los acontecimientos fotografiados en la guerra requieren para con el objeto fotografiado una cercanía carnal apoyada en un carácter inmediato y con preeminencia de los primeros planos. En este sentido dice Julio Souza:”La fotografía de prensa, no sólo para los Hermanos Mayo, sino para cualquiera que quiera ser reportero gráfico, debe hablar antes que el texto[14], debe decir por si misma qué es, qué mensaje lleva, qué ocurre…[15] Los fotógrafos de prensa somos la infantería del periodismo, porque siempre tenemos que marchar en primera línea. Tenemos que ir al lugar, no nos lo pueden contar, tenemos que verlo a través del visor de la cámara.[16]”La innovación técnica se da en la incorporación de nuevos implementos o materiales, en particular el uso de cámaras Leica.[17] Las condiciones de vida en el frente de batalla, así como el riesgo directo que implica el estar presente mientras se desarrolla la misma, exigen al fotógrafo una mayor movilidad, un equipo ligero y fácil de maniobrar y una mayor eficiencia de su producción fotográfica[18]. Todo ello facilitado por la cámara Leica[19], cuyo uso se generalizó en México por los Hnos. Mayo.

“Los directores de fotografía de las publicaciones mexicanas no creyeron que se podían hacer buenas fotos de los negativos chicos de 35 mm que utilizaban las Leicas y preferían las placas de 4 x 5 ó de 5 x 7…[20] los Mayo tenían una ventaja enorme: las Leicas llevan rollos de película con 30 o 40 exposiciones, mientras las viejas cámaras traían placas con sólo 12 exposiciones. Una vez que se aclaró que los negativos de 35 mm eran perfectamente aceptables para [su] publicación en revistas y periódicos el mayor número de fotos que los Mayo podían tomar les dio más posibilidades de cubrir eventos a fondo.[21]”

Su acercamiento a lo fotografiado, sus capacidades técnicas y su habilidad para trabajar colectivamente, los dotó de un don de ubicuidad[22].

El 15 de septiembre de 1942 alguno de los Hermanos Mayo retrata a los actores estelares de la Gran Asamblea de Acercamiento Nacional, ceremonia convocada desde la presidencia para aglutinar a la ciudadanía en un momento de crisis y amenaza para la nación: la Segunda Guerra Mundial.
Entre los ataques del exterior y las acomodaciones [sic] violentas del interior, nuestra vida fue construyéndose, día a día, hasta llegar a esa noble etapa de reivindicaciones humanas que inició la revolución de 1910.
Un México más genuino y más libre surgió de ese movimiento. Un México que podía sentirse ya con derecho no a las molicies de la indolencia, pero sí a los trabajos fértiles de la paz.
Sin embargo, esta vez también lo que creíamos haber definitivamente logrado merced al sacrificio de nuestros mártires populares, se hallaba en duda. Las viejas fuerzas que habíamos tratado de desarticular y de deshacer a lo largo de un siglo de abnegación, representan de pronto para nosotros un peligro más grave que todos los anteriores. Ante las agresiones del Eje, el país entero se puso en pie. Así México conmemora este año su Independencia bajo el signo dramático de la guerra.
La hora es de unión y de austeridad. De cada una de las entidades del territorio nos llega un mensaje análogo: México está decidido a colaborar para la victoria final de las democracias; las ciudades de México no desean permanecer en el ocio de una espera inerte e irresponsable; el pueblo de México no se dejará vencer por la desmoralización de los derrotistas, ni por el temor de una lucha que aceptamos con energía y que libraremos con pundonor.

Un México más genuino y libre emanó de la Revolución, después de diez años de enfrentamientos armados vinieron 22 años de puñaladas traperas. Veintidós años que terminan ese 15 de septiembre con la hegemonía del presidencialismo a la sombra de la Unidad Nacional. Después de una historia nacional en donde la continuidad, transición y sucesión del poder estaba definida por las armas[23], la sucesión presidencial entre de la Huerta y Obregón[24] fue determinada por éste último, él mismo fijó que lo sucediera Calles y tras ello su propia reelección, misma que no se llevó a cabo por que fue asesinado siendo ya presidente electo. Emilio Portes Gil, un civil obregonista moderado es nombrado presidente interino para el período 1928-1930. Tras el asesinato de Obregón, Calles se pronuncia, en su último informe presidencial, por la hora de abandonar el caudillaje y girar hacia la institucionalización, así se funda el Partido Nacional Revolucionario como una confederación de partidos de carácter “revolucionario” que pueda mediar en la sucesión presidencial, sin embargo es Calles el que toma las decisiones negociando con las cámaras, el partido y el presidente en última instancia. El período de la supremacía callista controlando toda fuerza política por encima de los presidentes se conoce como “Maximato” y corresponde a las presidencias de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, quien es electo en 1930 y renuncia en 1932, y de Abelardo L. Rodríguez presidente interino hasta 1934, año en que es electo presidente el general Lázaro Cárdenas[25].
Es el primer mandatario desde Calles en concluir su período el cual, por primera vez, es de seis años. Al finalizar el Maximato “la continuidad en el poder había permitido al grupo gobernante compartir otras formas de dominio social. Al construirse las obras complementarias para la transformación de la economía agraria, de los servicios públicos de la salubridad y la educación, una derrama de bienes empezó a generar una clase nacional económicamente fuerte fuera y dentro del poder público. Por otra parte, la necesidad del crédito extranjero para el propio crecimiento nacional, había atemperado mucho las actitudes nacionalistas mantenidas durante la revolución armada.”[26]Como simultáneamente las presiones populares no cesaron del todo, los años del Maximato fueron especialmente ambiguos y fluctuantes entre la lealtad y el abandono de las tesis revolucionarias de 1917. Al inicio del gobierno de Cárdenas la agitación social se manifestó incontenible, pero, rompiendo el estilo político de sus antecesores, él tomó partido por los movimientos populares. Confiados en el apoyo gubernamental, los obreros primero y los campesinos después, rebasaron a las antiguas organizaciones y a sus viejos líderes, incorporados al Maximato. Esa forma de liberación de las fuerzas sociales no significó que el gobierno dejara de operar sobre ellas, como en efecto venía haciéndolo desde la presidencia de Obregón, sino que los objetivos de su dirección serían distintos, constituirían el sustento “de dientes para afuera” de la legitimidad del poder presidencial. Dio inició el presidencialismo, como método de sucesión gubernamental en el que se abandonó el poderío de un solo hombre para dar cabida al poderío de una institución, la presidencia, sustentada aparentemente de manera popular, y en donde el acceso a dicha institución estaba mediado por un organismo, el partido, que garantizaba y salvaguardaba los intereses de todos los cotos de poder, y que de igual manera se encontraba cimentado en bases simuladamente populares.
Sin embargo el proceso que había permitido la inauguración del presidencialismo había mermado los intereses de la nueva clase económicamente fuerte, dañado los de las potencias extranjeras (en particular por la expropiación petrolera y la nacionalización de los ferrocarriles), y empoderado a las clases populares, todo lo cual, sino conseguía equilibrarse y responder al poder presidencial, amenazaba directamente al mismo.
Es por ello que el sexenio de Manuel Ávila Camacho, se enfocará a conseguir tan preciado equilibrio que permita consolidar definitivamente el presidencialismo.”El gran telón de fondo de la segunda guerra mundial justificó la nueva política, proclamada como de unidad nacional, que en realidad se tradujo en un forzado quietismo [sic] social favorable al renacimiento de los factores de poder deteriorados en el sexenio anterior. La reforma agraria, antes floreciente, languideció. Los movimientos obreros también. El capital extranjero, ligado más que nunca –y por razones de seguridad y táctica internacionales- con el capital nacional, se dejó sentir otra vez poderoso e incontenible. Pero en verdad el régimen de Ávila Camacho no fue del todo ajeno a la revolución y su ideología. Hizo suya una parte de la doctrina y la puso en práctica…”[27]Se favoreció un fuerte nacionalismo a la vez que se dio entrada a los intereses internacionales, se proclamo la independencia económica[28] y simultáneamente se dieron facilidades de inversión a los extranjeros, se ofreció trabajo a las masas lo cual además proveía de trabajadores a una planta industrial que de lo contrario se hubiera desmoronado[29]; en fin, cada una de las acciones del gobierno[30] estuvo dirigida a conseguir el equilibrio social bajo la hegemonía presidencial. Así apelando a la necesidad de la unidad nacional en un momento de crisis Ávila Camacho consiguió que los diversos sectores de la sociedad en pugna atemperaran sus intereses, haciéndoles pequeñas pero significativas concesiones, de modo que pudo consolidar y afirmar el presidencialismo en toda su extensión. Unidad Nacional ante la guerra, Unidad Nacional que posibilita al presidente para maniobrar a su manera con todos los cotos de poder nacionales y cobijarlos bajo su ala protectora que se encarna en este grandilocuente ceremonia, ¿qué hermanos podrían odiarse tras ver a Caín y Abel reconciliarse?

Cuando lo que se debate es la perduración de la Patria, las peculiaridades personales y los anhelos partidistas no tienen razón de ser.
En una época en que la memoria de nuestros héroes nos exhorta a salvar de la ira extranjera la integridad de nuestro destino, los desacuerdos particulares debilitarían la energía colectiva, la discordia implicaría una traición y las pasiones sectarias ceden el paso a la determinación respetable de un pueblo en guerra: la de unirse, sin reticencias y sin reservas, para vencer.
De ahí la importancia vital de este acto de acercamiento, en el que los representantes caracterizados de nuestro pasado inmediato y de nuestro presente se asocian y fraternizan, inspirados por un ideal mucho más elevado que el de las transitorias pugnas de orden interno: el de asegurar, frente al riesgo, la cohesión absoluta de la República.


Esta fotografía asegura contra el riesgo, esta fotografía es la cohesión absoluta, es la cumbre del presidencialismo, la cúspide del patriotismo, la corona de la Unidad Nacional.
Antes de iniciar la ceremonia los siete hombres se encontraban en Palacio Nacional. Al salir de las oficinas presidenciales hacia el palco, por un error de coordinación de los edecanes los siete hombres más poderosos del país en los últimos 22 años se quedan encerrados solos en una sala de espera. Tratan de salir pero todas las puertas están cerradas. Con qué cara te paras junto al enemigo, con qué gesto le sonríes. El incidente rompió el hielo y al poco tiempo fueron liberados por los edecanes que sin saberlo habían disuelto la tensión. Salen de su encierro y en la sala de espera dejan sus odios. Se plantan con todo su peso en la Unidad Nacional.

La habilidad de los Hermanos Mayo concreta en esta imagen todo el peso de la ceremonia. El retrato de los hombres más poderosos políticamente de la vida nacional postrevolucionaria, convoca verdaderamente a la unidad. Esta fotografía, en correspondencia con lo que los Mayo proclamaron como su idea de la fotografía, está en primera línea, está en un frente de batalla. La fotografía habla, no por si misma, pero sí con su historia, sí con el discurso que en ella aparece pero no se ve: la Unidad Nacional ante todo, cuando más lo necesita la nación.



[1] Discurso pronunciado por el entonces presidente Manuel Ávila Camacho en la ceremonia de Acercamiento Nacional el 15/09/1942, “Mensaje del Presidente”, periódico El Universal, 16/09/1942 (de aquí en adelante las referencias a dicho discurso se indicaran con cursivas)[2] Conocidos así por ser éste el estado natal de sus principales líderes (Obregón, Calles, de la Huerta) y allegados.

[3] Apuntes tomados por el autor, del curso Revolución Mexicana I y II impartido por la Dra. Josefina Mac Gregor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en el semestre 2008-1 y 2 (De aquí en adelante las referencias a dichos apuntes se indicaran marcando ARM a pie de página.)

[4] Varios de los caudillos serán expulsados del país como Pablo González o Félix Díaz, algunos se retirarán a la vida civil como Francisco Villa y los generales de la División del Norte, caso particular es el de los zapatistas que, al ser siempre enemigos de Carranza, se adscribieron en 1920 al Plan de Agua Prieta formando parte del ejército del Grupo Sonora mismo que fue incluido, en su totalidad, al terminar el conflicto a las filas del Ejército Federal. ARM.

[5] Eduardo Blanquel, “La Revolución Mexicana” en Daniel Cosío, Historia mínima de México, pág. 146.

[6] Podemos hablar de tres momentos en la Segunda Guerra Mundial hasta 1942, en primer lugar el inicio de la guerra con la invasión e Alemania a Polonia que después se extiende a Noruega, Francia, Holanda y Bélgica, en donde se definen los bandos combatientes y que está caracterizado por tener como zona de guerra Europa y el Mediterráneo, al final de este período se consolidan las llamadas Potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón; después hay una primera expansión de la zona de guerra hacia el África septentrional y el Asia menor por un lado, y hacia la península de Indochina e islas cercanas por el otro, que culmina con la entrada de EEUU a la guerra después del incidente de Pearl Harbor en 1941; de ahí hasta 1943 el Eje extiende sus ataques hacia la periferia dañando sobre todo suministros de cualquier tipo para los aliados, como los pozos petrolíferos de Irán que proveían a la URSS del energético. En este afán por mermar de cualquier modo las posibilidades de ataque de los aliados se inscribe el ataque alemán a los buques mexicanos pues México abastecía de petróleo a EEUU y al Reino Unido. Vid. Enrique Cárdenas, Gesta en el Golfo, México: Editorial Primicias, 1966

[7] El octavo mandatario, Álvaro Obregón, había sido asesinado en 1928.

[8] Esta fotografía fue publicada por los diarios Excélsior y El Nacional, en su segunda sección, el día 16 de septiembre de 1942.

[9] El colectivo está formado por miembros de dos familias los Souza Fernández y los del Castillo Cubillo. Todos se conocieron en distintos momentos y lugares trabajando como fotógrafos en muy diversas publicaciones. Aunque se han señalado diferentes motivos para el nombre del colectivo el más común lo relaciona con las aclamadas fotografías que Francisco tomó de una manifestación el 1º de mayo: “Salimos Paco, un compañero sordo llamado Manolo y yo. Iba a haber elecciones y la gente andaba con las cosas de la República; estaban muy en contra de la guardia civil que era muy represiva. Vino la represión: durante la manifestación se armó un relajo y tomamos fotografías que se publicaron en los periódicos. Entonces, todo el mundo hablaba de ‘las fotos de mayo’; empezaron a decir ‘Mayo, Mayo’, y nos quedamos con Mayo.” (Testimonio de Faustino Souza recogido por John Mraz) John Mraz, “Los Hermanos Mayo: Trabajando una mirada” en IVAM Centre Julio González, Foto Hnos. Mayo, pág. 23.

[10] Como El heraldo de Madrid y El Liberal. Ibid, pág. 24

[11] Como Mundo Obrero, Renovación, Juventud Roja, El Socialista y Claridades, Ibid.

[12]Julio fue el único que además de ejercer su oficio fue artillero. Como dato curioso Faustino trabajó para el periódico de la Primera Brigada Pasaremos dirigido por Adolfo Sánchez Vázquez, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ibid.

[13] El recibimiento de los exiliados republicanos fue una de las muchas acciones de Cárdenas que promovieron una visión del régimen más cercana a ideas de tipo socialista, además de difundir la preocupación de México por la situación internacional lo cual, como se dirá más adelante, fue fundamental para el gobierno de su sucesor en el poder.

[14] “… la fotografía de prensa se manifiesta en el periódico como si fuera un texto autónomo que entra en interrelación con los textos escritos. La fotografía de prensa no es cualquier texto, sino que aparece como un texto visual cuya misión es vehicular un mensaje informativo o publicitario.” Lorenzo Vilches, Teoría de la imagen periodística, pág. 80.

[15] Julio Souza, “Fragmentos de un discurso” en IVAM Centre Julio González, Foto Hnos. Mayo, pág. 15

[16] Ibid, pág. 13

[17] Las cámaras más usadas en México eran la Graflex y la Kodak 3A, siendo inconveniente de la primera su gran peso y la necesidad de un trípode si no había buena iluminación, y de la segunda la baja calidad de los lentes. Ambas usaban placas de 12 exposiciones. Oliver Debroise, “IX. Contrapunto” en Fuga mexicana: un recorrido por la fotografía en México, pág. 255.

[18] Es decir que de una serie de tomas realizadas se desperdicien las menos posibles.

[19] “Esta cámara pequeña y ligera fue inventada en Alemania en 1924. Comparada con las grandes cámaras como el Speed Graphic [que usaban los fotoperiodistas de entonces], que pesaba cerca de cuatro kilos, la Leica aumentaba radicalmente la movilidad de los fotoperiodistas permitiéndoles moverse libremente, acercarse a los sucesos y sacar fotos desde el centro de la acción sin llamar demasiado la atención.” John Mraz, opcit., pág. 26. Sin haber visto el negativo de la fotografía, lo cual permitiría determinar fácilmente con qué tipo de cámara se tomó la fotografía, podemos conjeturar que sí fue tomada con una leica por varias razones: distintos autores de la bibliografía (Mraz y Debroise sobre todo) hacen hincapié en que los Mayo usaban desde la guerra en España estas cámaras y que siempre fueron su instrumento de trabajo, esto se ve reforzado por la multitud de fotografías en la que aparecen los Hnos. Mayo siempre con una Leica, y por último las diversas fotografías sobre el evento que se publicaron en la prensa se caracterizan por su cantidad, sus muy distintos ángulos y posiciones, y muy diversos puntos dentro del zócalo desde donde se tomaron, características que como ya se dijo facilitaría el uso de una leica.

[20] Ibid.

[21] Ibid., pág. 27

[22] Ibid.

[23] Aunque la sucesión presidencial después de Obregón no se definió nunca de manera violenta, no por ello dejo de haber intentos por que así fuera, desde la rebelión de De la Huerta en 1923 hasta el alzamiento del Secretario de Agricultura, Saturnino Cedillo, en 1938.

[24] Se entiende que Obregón, ni Calles después, no sustenta su valor político y su influencia en sí mismo, sino en el apoyo de diversos grupos de poder, en particular, el ejército.

[25] ARM

[26] Eduardo Blanquel, opcit., pág. 148

[27] Ibid.

[28] “El Presidente de la República, señor general de división don Manuel Ávila Camacho; los Gobernadores de los Estados y los Presidentes Municipales proclamarán hoy, a las 11 de la noche, en la ceremonia del “Grito”, la Independencia Económica de México, al vitorear a los héroes de la patria… De esta manera, la nación unánimemente y en el mismo instante, fundirá con patriótico entusiasmo su más alta aspiración de independencia integral.” El Universal 15/09/1942

[29] Durante el período beligerante México convino con EEUU el ingreso de miles de obreros y agricultores mexicanos que laboraran en sustitución de los estadounidenses que se hallaban en el frente.

[30] Llama la atención la extensión del ideario de la Unidad Nacional a muy diversos ámbitos de la vida cotidiana, es por ejemplo entonces que surge como un algo que favorece a la misma la expedición de credenciales que dan fe, como documento oficial, de la nacionalidad mexicana, también entonces se determina la existencia de una bandera nacional en cada embajada o consulado en el extranjero. Por otro lado surge la publicidad alusiva a la guerra y a la Unidad Nacional, para muestra un botón: un anuncio de Sidral Mundet que muestra en primer plano una botella de dicho refresco y al fondo un hombre y una mujer, con uniforme del ejército mexicano, que saludando marcialmente exclaman: “Lo mexicano siempre es mejor ¡lo saludamos!”

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