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Condensar la desazón

17 Sep

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Sucio de pobreza, un niño mira al suelo y extiende con la mano izquierda la bandera mexicana que sostiene con la derecha. La imagen fue tomada el pasado 12 de septiembre en la colonia “18 de octubre”, un asentamiento irregular con más de 15 años de antigüedad, una de las zonas más marginales de Matamoros, Tamaulipas. Ese mismo día, el autor Gastón Saldaña subió la imagen a sus cuentas de Facebook, en dónde acumuló, en tan sólo tres días, casi cuatro mil likes y doce mil compartidos. A pesar de conocer al autor, no llegué a ella por su perfil,  sino por los muros de múltiples amigos, familiares y conocidos facebookeros.  La imagen era presentada por todos ellos como una especie de condensación de un sentimiento generalizado o por lo menos bastante común: una especie de desazón patria que va desde el sutil desencanto al encabronamiento iracundo.

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A pesar de su aparente ubicuidad, dicho sentimiento pertenece a un grupo muy concreto de mexicanos: aquellos molestos por la situación nacional. Una descripción tan ambigua se justifica únicamente por la enorme diversidad de fenómenos que cualquiera podría nombrar como componentes de nuestra debacle, desde las reformas energética, educativa y fiscal, hasta la silenciosa continuidad de la guerra contra el narco. Por supuesto, no todos quiénes integramos este grupo valoramos de la misma manera los fenómenos mencionados; sin embargo todos nosotros reaccionamos a ellos animados por la costumbre, impulsada por nuestro añejo nacionalismo, de considerar que septiembre es “el mes de la patria”. En semejante contexto, el éxito de la imagen es fácil de explicar.

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Más allá de las circunstancias actuales, la fotografía cuenta con diversos elementos que favorecen su efectividad.  En términos de iluminación y composición tiene una precisión envidiable. Digo precisión y no perfección, pensando que no existe tal cosa como la elaboración perfecta de una imagen, sino decisiones más o menos pertinentes según el objetivo del autor. Por otro lado, cuenta con una alta calidad estética, cuyo perfil o personalidad NO es la del documentalismo tradicional. Aquí podemos ver tonos, texturas y contrastes característicos del HDR, más usuales en las puestas en escena con fines publicitarios o comerciales.

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La imagen tiene varios guiños interesantes. El niño parece extender la bandera para arroparse con ella, remitiéndonos al heroico suicidio de Juan Escutia. Más allá de la risible fábula que son los Niños Héroes en la Historia Nacional, lo cierto es que la imagen del heroico cadete que se arrojó al vacío, ha permeado profundamente en nuestros valores personales asociados a lo heroico, lo patrio y la relación entre ambos conceptos. Este niño nos recuerda ese sacrificio, que en su caso parece ineludible y obligado, forzado por la miseria económica.

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Voluntaria o involuntariamente, el gesto del niño también tiene una fuerte semejanza con otro de los grandes sacrificados siempre presentes en la mentalidad nacional. No puedo evitar ver en esos brazos extendidos y en la cabeza gacha, la imagen de Jesús de Nazaret. A pesar de la supuesta laicidad nacional  y de la existencia de los millones de mexicanos que no practicamos ningún tipo de culto, debemos aceptar que muchos de los valores, costumbres y prácticas consideradas como “nacionales” guardan fuertes vínculos con el ejercicio del catolicismo. El asociar la infancia con la esperanza y el pensar la prosperidad futura condicionada al desarrollo exitoso de los niños de hoy, son ideas emanadas de la parte cristiana de la Biblia. Me parece que estas dos ideas están presentes en una gran parte de quienes se sintieron tocados por esta imagen.

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Hay algo más que encuentro interesante en la fabricación de esta foto: en su cuenta de Facebook, algunas horas antes de publicar la imagen, Saldaña anunció “salgo a tomar fotos me voy con una bandera de México y a ver que sale!”.  Este gesto me recuerda inevitablemente aquellos efectuados por Yevgeni Jaldéi y Joe Rosenthal, en sus fotografías de Berlín e Iwo Jima respectivamente. Ambas imágenes han recibido fuertes críticas históricas por su calidad de puestas en escena, lo cual contrasta con la lectura de la foto que nos ocupa. Aquí el montaje es evidente y no parece molestar en lo absoluto a ninguno de los lectores de la fotografía. La foto es a sabiendas fabricada y, a los ojos del espectador, ello no le resta en absoluto ningún tipo de calidad informativa.

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Esta fotografía fue muy bien recibida por un buen número de consumidores de imágenes. En este texto quise evidenciar cómo su éxito se dio a pesar de, o gracias a que, no cumple con los cánones del documentalismo tradicional. No es foto directa, no fue difundida por medios masivos de comunicación y no se alinea con las normas estéticas de la imagen documental más usual. El resto de imágenes que ilustran este artículo forman parte del trabajo de Saldaña en la colonia “18 de octubre”, con todas ellas logra condensar la desazón que se ha vuelto tan usual para muchos de nosotros.

Las venas abiertas

4 Jun
Publicado originalmente el 1º de marzo de 2011.


Sólo despacio puede caminarse sobre los escombros. Lento, una familia, o un grupo de vecinos o quizás un grupo de desconocidos, se desplaza cabizbaja entre las ruinas. Una nube de polvo y humo ocultan las perspectivas y el horizonte.
Lo que fue avenida, acera, muro, sólo es pedacería urbana e inservible. Trozos de ciudad revueltos en el deshuesadero de la vida cotidiana: muebles, cables, barandales, letreros de la calle.
En un principio podría ser cualquier catástrofe en cualquier lugar del mundo. A pesar de ello el subdesarrollo late en imagen, en los postes de luz que denotan una pobre infraestructura, en ese carcomido que todos los edificios parecen exhalar desde antes de la tragedia. Se intuye en la imagen que no se trata de Londres o Tokio, sino de Kabul o Nueva Dehli, de Kigali o Mogadiscio.
En esta fotografía asistimos a la ruina de Puerto Príncipe, devastada por un sismo de 7 grados en la escala de Richter el 12 de enero de 2010. Haití se sacude hasta derrumbarse. En el país más pobre de América se rasga y destroza el suelo y la vida de miles de personas. La ciudad se vuelve inservible. Pierde su habitabilidad y su posibilidad de lo cotidiano. Se convierte en un lugar donde no se vive, aunque en ella se sobreviva.
La imagen nos muestra el martirio de los que quedan. Aunque concedo que pueda estarse mejor vivo que muerto, ello no implica el milagro de la supervivencia, el bienestar en el sobrevivir. Vivir para contarla, salvarse para ser un exiliado en tu propia ciudad, en tu propio país; vivir para enterrar a los muertos y para reconstruir la vida de los vivos, para pasarse una eternidad añorando y tratando de seguir adelante. Así caminan los personajes de la imagen. Así llevan su miseria de forzados nómadas urbanos.
Con esta imagen Daniel Aguilar obtuvo el Premio Rey de España en la categoría de Fotoperiodismo de la edición 2010. La fotografía pertenece a la serie Las venas abiertas de Puerto Príncipe publicada en la revista MX tan sólo unos días después del sismo. El jurado destacó la gran intensidad de la imagen de Aguilar, que “capta con enorme fuerza plástica la desolación y el drama humano vividos en Puerto Príncipe después del terremoto.”
Con esta fotografía asistimos a la miseria, a la tragedia más honda, a la implacable fuerza que en breves momentos arruina (convierte en ruinas) la vida de miles personas, de un país entero. En ella podemos ver realmente las venas abiertas de Puerto Príncipe, venas que, rotas, sangran sobrevivientes.
Más allá de lo visual, el título hace referencia a Las venas abiertas de América Latina, libro mítico de Eduardo Galeano cuyo contenido resignifica por completo la imagen de Aguilar. Publicado por vez primera en 1971, en un momento de fuertes choques políticos y sacudidas sociales en toda América, el ensayo de Galeano recapitula la historia de sus pueblos poniendo énfasis en la explotación de la ha sido objeto el continente. En el contexto de las distintas movilizaciones sociales latinoamericanas, enfrentadas a las dictaduras militares de aquellos años, el libro se convirtió en un ícono de la resistencia, en un emblema de la oposición al capitalismo salvaje. Galeano se enfoca en la forma en que el saqueo sistemático de los recursos naturales, es causante directo de la pobreza, hambruna, desigualdad y miseria que aquejaban, y aún aquejan, a América Latina.
Por supuesto Haití forma parte de la obra. Galeano narra la despiadada producción de azúcar durante la colonia, obtenida y comercializada por medio del trabajo esclavo; la sangrienta guerra librada para conseguir la independencia nacional y el posterior bloqueo económico que padeció la isla por parte de Inglaterra y Estados Unidos. Describe el ingreso de Haití en el mercado internacional, la preferencia dada al cultivo de caña y café, relegando la siembra de productos de consumo nacional; la sumisión ante la voluntad del mercado estadounidense, maquilando masivamente productos como cassettes y pelotas de béisbol; el régimen despótico de los Duvalier y la miseria sofocante del país más pobre del hemisferio occidental.
Al elegir el título Las venas abiertas de Puerto Príncipe, Daniel Aguilar hace referencia al contenido del libro de Galeano, a la pobreza crónica del pueblo haitiano. Las fotografías van más allá. No sólo muestran la catástrofe telúrica, sino la forma en que la magnitud del sismo se engrosa por la miseria que la isla viene arrastrando desde hace siglos.
El resto de las imágenes lo reafirma. Una hilera de sobrevivientes espera, sometidos por una pobreza totalitaria, en una fila interminable; un soldado mira, y nosotros miramos en el reflejo, la miseria que queda tras el saqueo sísmico; un hombre es extraído de la humildad absoluta de los escombros; un muerto yace en el suelo y quienes quedan huyen sin poder escapar de la pobreza exacerbada impuesta por el terremoto y por la Historia.
La catástrofe va más allá del sismo. La fotografía galardonada nos muestra las venas abiertas de Puerto Príncipe. El pauperismo late en la imagen de una calle que nunca fue esplendorosa, de unos edificios que antes de derrumbarse sólo conocieron el salitre y el carcomer del subdesarrollo. La ciudad se desangra. De las heridas brotan los náufragos telúricos, que son también los náufragos de su pobreza.





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Foto y Denuncia

4 Jun
Publicado originalmente en la Revista Lenguaraz #26 en junio de 2011: http://www.lenguaraz.com/
Con el término “denuncia” podemos referirnos básicamente a dos cosas: al hecho concreto de hacer del conocimiento de la autoridad una actuación ilícita, o a la publicación [al hacer público] el estado irregular, ilegal o inconveniente de algo. La Real Academia Española nunca falla, toda definición debe ser clara como el agua y ambigua en su propio tenor. Gracias a esto caben perfectamente, en estas dos definiciones, tanto la acusación ante el Ministerio Público, como la publicación de un pormenorizado reportaje sobre la trata de personas o la difusión de comprometedoras imágenes de un político corrupto.

Nunca ha sido de mi interés el derecho, ni las vicisitudes de la administración de justicia, mucho menos la delación personalizada, por lo que iré directamente a la segunda acepción de la palabra: la denuncia como el evidenciamiento público de una problemática de interés social o, por lo menos, comunal; particularmente en su relación con la práctica fotográfica.

 

Pensemos en las fotografías de Margaret Bourke-White de los campos de exterminio nazi en Buchenwald; en la imagen de Nick Ut que muestra a una niña huyendo desnuda de los ataques con Napalm; en los retratos de Sebastiao Salgado sobre las miserables condiciones de vida en las minas de Serra Pelada; en la mirada fija e inquietante de una joven afgana mutilada, con la que Jodi Bieber ganó este año el prestigiado World Press Photo. Me refiero a todas aquellas fotografías que en términos muy simples dicen “esto está mal y pasa en el mundo”.

Sebastiao Salgado

Me pregunto de manera muy concreta: ¿por qué es que puede ejercerse la denuncia a través de la fotografía?

A primera vista parece una reflexión ya hecha. La fotografía retrata la realidad tal cual es y por ello consiste una prueba irrefutable del sufrimiento propio o del prójimo. Una muestra patente de esa situación irregular, ilegal o inconveniente que menciona la definición de la RAE. Verdades de Pedro Grullo, que a la mano cerrada llamaba puño. Podría añadir además que como una imagen “habla por sí misma” y “dice más que mil palabras”, la fotografía dota a la denuncia de una fuerza portentosa e irrefutable, lo que garantiza, o busca garantizar, el impacto sobre lo denunciado. La fotografía ayuda a cambiar el mundo a través de las conmovedoras imágenes de refugiados de guerra, de niños mendigando y niñas prostituyéndose en la calle, de trabajadores miserables dirigiéndose a la fábrica y mujeres sollozando entre los escombros.

Estas son las ideas más comunes sobre los vínculos entre fotografía y denuncia. Son lo que llevo la foto a los juzgados y periódicos, sin embargo, muy poco hay de cierto en el párrafo anterior. Si les parece bien, vamos rompiendo lugares comunes.

La fotografía no retrata la realidad tal cual es. Al mirar cualquier foto nos dejamos seducir idiotamente por las notorias semejanzas entre la imagen y el entorno visual que nos rodea, sin siquiera reflexionar en que la fotografía es una traducción a dos dimensiones, de una realidad articulada en torno a tres. Traducción que se hace con un solo ojo (el lente), supliendo los dos que tenemos en el rostro; con un ángulo de visión variable, mayor o menor al humano, según el tipo de objetivo que utilice la cámara y el tamaño de la superficie sensible dentro de la misma. Por supuesto habrá más variaciones entre la foto y la realidad debido al rango tonal que se logre con el rollo o el sensor digital; por la nitidez que se obtenga según el grano o el número de megapixeles; por la pericia o torpeza de quien revele, imprima o edite las imágenes finales. Todas estas particularidades de la imagen fotográfica la convierten en un mensaje tan amañado y amañable como cualquier otro.

Por supuesto hay que considerar también las manipulaciones realizadas por el fotógrafo, quien utiliza como recursos expresivos las características de la mencionada traducción. Dos fotografías de un mismo mitin puede mostrarlo más o menos concurrido, dependiendo de si el autor utilizó un telefoto (que favorece una toma cerrada, donde los componentes se aglutinan y adquieren más fuerza), o un gran angular (que llena la imagen de “aire”, contextualizando a los personajes pero perdiendo intimidad e impacto). Esto no tiene que ver con la cantidad de manifestantes que hayan asistido al acto político, ni con los que efectivamente aparezcan en la foto. Hablo de cuántas personas parece que hay en la imagen, veinte pueden ser muchas o pocas, dependiendo de cómo se les fotografíe. Un político puede parecer poderoso o frágil, un obrero feliz o miserable, una víctima puede verse esperanzada o abatida, todo depende de cómo el fotógrafo maneje los recursos expresivos de la fotografía. De su pericia para traducir la realidad a través de la cámara.

La posibilidad de que una imagen diga más que mil palabras, también me parece falsa. Toda fotografía es un corte tajante, un gajo arrancado al tiempo y al espacio, y en tanto corte, no tiene por sí misma ni pasado, ni futuro, ni contexto. Si miramos detenidamente la famosa imagen de Nick Ut ¿qué podemos realmente deducir de ella? Ateniéndonos estrictamente a la fotografía podemos asegurar que en algún momento (no podemos precisar la fecha), cinco niños de rasgos orientales, una de ellos desnuda, caminan o corren sobre lo que parece ser una carretera. Detrás de ellos aparecen siete soldados que también están en movimiento. Aún más atrás una nube de humo cubre el horizonte. Para que podamos dotar a esta imagen de significado hace falta decir que la foto fue tomada en 1972, durante la Guerra de Vietnam. Hay que aclarar que los niños no sólo se desplazan, sino que huyen de la humareda en el fondo, y que ésta es producto del napalm, un cruel combustible utilizado como armamento contra los civiles.

Nick Ut

Lo que constituye la esencia de la denuncia, lo que realmente delata, señala y condena las atrocidades bélicas en Vietnam, no se encuentra en la imagen. Cierto es que está referido en la fotografía, ésta contiene efectivamente la huella de luz dejada por un acontecimiento real y en ella se intuye el sufrimiento de los niños, pero no está únicamente dentro de ella. Sólo a través de nosotros dicha foto muestra sufrimiento. Ninguna imagen habla por sí misma, porque sola no dice nada. Para dotarla de significado y de sentido siempre hacen falta nuestros referentes culturales: los del fotógrafo, los del intermediario (el editor, el museo, etc.) y los del espectador. Referentes históricos, sociales, políticos, económicos y culturales, anclajes que nos permiten decir esos niños corren por esto, esos soldados están ahí por algo, esa nube es aterradora y cruel por tales y cuales motivos. La imagen muestra, pero somos nosotros los que decimos qué nos muestra.

La fotografía tiene la facultad de ser una herramienta a través de la cual se ejerza la denuncia, no porque exhiba la realidad tal cual es, ni tampoco por ser un mensaje autocontenido más expresivo que las palabras. La fotografía puede denunciar porque, en tanto que es un medio codificado, imperfecto y manipulable, como cualquier otro, permite a quien se sirva de ella utilizarla para emitir valoraciones, juicios y opiniones sobre un aspecto de la realidad. La fotografía puede denunciar porque, dado que la trascendencia de su contenido depende de los referentes culturales de quienes interactúan con ella, tiene la capacidad de generar resonancias, significados y contenidos para quienes la observen.

El fotógrafo que busca denunciar debe tener un perfecto manejo de la sintaxis de la imagen, de todas aquellas características y huellas producto de las herramientas técnicas con que se produce la fotografía, y que, como afirmo el historiador y curador William Ivins, son las depositarias del contenido de una imagen. Esto se vuelve fundamental porque cada fotografía denunciante es, necesariamente, una valoración ética.

Volvamos a las obviedades: cuando se retrata el estado irregular, ilegal o inconveniente de algo, significa que aquello que se está fotografiando, ya ha sido previamente juzgado como irregular, ilegal o inconveniente. Me parece que la RAE se queda corta, pues no estoy seguro que la desigualdad, el hambre, la pobreza, la explotación, la miseria, la guerra, la enfermedad y la muerte, quepan con toda su fuerza en los términos irregular, ilegal o inconveniente. En todo caso, es ante estas circunstancias, presentes en una realidad concreta, que se asume la necesidad de hacer pública una situación o fenómeno a partir de la fotografía.

Margaret Bourke-White fue la primera mujer corresponsal de guerra. Sus imágenes de la liberación del campo de concentración de Buchenwald, tomadas en abril de 1945, muestran los hornos crematorios, los cadáveres destrozados, las duchas de gas y los cuerpos maltrechos de los sobrevivientes. Con sus fotografías Bourke-White está tomando una postura clara ante el acontecimiento. Realiza una valoración ética sobre un acontecimiento concreto y ante ello utiliza su cámara para traducir la realidad en denuncia: no retrata los comedores, ni las camas, ni los rostros alegres de los sobrevivientes; fotografía los cuerpos carbonizados, las muecas horrorosas, las costillas esqueléticas de los prisioneros. Utiliza la sintaxis de la cámara para que reconozcamos cráneos entre un montón de huesos, para que podamos ver la vergüenza de los habitantes del pueblo más cercano, para mostrarnos el horror condensado de la guerra.

La fotografía como denuncia no nace de captar la realidad tal cual es, en ella no tiene lugar la asepsia del fotógrafo. Es siempre una toma de postura, una declaración pública, una pedrada visual, abierta y definida. Es, como diría Philippe Dubois, una imagen deíctico, que señala, una imagen que apunta y delata.

Ese dramático indicativo sólo puede consolidarse, sólo puede poblarse de significado, a partir de los referentes culturales compartidos. La imagen de Jodi Bieber, con la que ganó el World Press Photo 2011, muestra a una mujer joven, que tiene la nariz mutilada y lleva una mascada sobre la cabeza. Podría tratarse de una herida de guerra o de una malformación congénita debido a la contaminación tóxica del río de su aldea. Como dije antes, necesitamos anclajes (contextuales, históricos, etc.) que doten de sentido a la fotografía. En este caso el primer referente es visual, pues la vestimenta, la pose y los rasgos de la chica guardan una gran semejanza con otra fotografía: la portada de National Geographic realizada por Steve MacCurry de una chica afgana de ojos verdes. En efecto, esta mujer también nació en Afganistán, Bieber explica que se trata de una joven de 18 años, que fue mutilada por un comandante talibán como castigo por huir de la casa de su esposo. Esta imagen sólo puede ser de denuncia para quienes compartimos los referentes culturales de considerar la mutilación un castigo excesivo, para quienes nos encontramos en el consenso de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, para quienes compartimos información sobre la situación política de Afganistán.


La denuncia fotográfica se cierra, se concreta, únicamente a partir de nosotros. Sólo a través de los espectadores, se puebla la imagen de significados, y sólo a partir de los significados, puede la foto tener un impacto sobre la realidad.

En este breve texto he tratado de complejizar la forma en que tradicionalmente se piensa en la fotografía de denuncia. Me parece que en los próximos años, quizás meses, la fotografía como denuncia cambiará profundamente. La abundancia de cámaras y las facilidades para difundir imágenes por internet, tarde o temprano, desembocarán, para bien o para mal, en el apogeo de la denuncia ciudadana a través de la fotografía, pero eso ya es harina de otro costal.

Manifestación reyista: una imagen de Manuel Ramos

4 Jun

Una carga de los montados en la Plazuela de Guardiola. Muchos transeúntes huyen despavoridos a refugiarse en las casas comerciales.

GRAVISIMOS DESORDENES SE REGISTRARON AYER

El Sr. General Bernardo Reyes y dos de sus hijos fueron heridos al ser disuelta por el pueblo la manifestación reyista
Muertos y heridos por las cargas de la Gendarmería
[1]
Como es bien sabido por nuestros fieles lectores la sucesión presidencial próxima a ocurrir se presenta harto compleja debido a la situación nacional. El día de ayer una manifestación de partidarios del señor General Bernardo Reyes se encontró con un numeroso grupo de simpatizantes del señor Francisco I. Madero, líder de la Revolución triunfante.
Estos son los hechos capturados en la excelente fotografía del señor Manuel Ramos, experimentado fotógrafo que desde julio del año pasado colabora con este diario.
En ella podemos observar a la Gendarmería Montada cargando contra la población, respondiendo a la orden del Gobernador del Distrito Federal, Ing. Ignacio Rivero. Los manifestantes y transeúntes huyen despavoridos, tratando de refugiarse en los diversos comercios. En desordenado y despavorido tropel se abalanzan contra los escaparates y accesos, destrozando la puerta del Kingman’s Restaurant y causando daños en los establecimientos aledaños.
Como puede recordar nuestro público lector el pueblo mexicano celebrará en noviembre próximo, por primera vez en más de 30 años, elecciones presidenciales en toda regla. En donde la designación del máximo mandatario recaiga de manera auténtica en la soberanía del pueblo. Desde que en 1876 el General Porfirio Díaz se hizo con el poder, el pueblo de México conoció un gobierno que centralizó el poder y empobreció fuertemente a la gran mayoría de la población, mientras unos cuantos oligarcas se enriquecían con el sudor de los mexicanos.[2]
El gobierno de Porfirio Díaz, que incluye el período presidencial de Manuel González, “el país en su conjunto mejoró su economía en un grado y una extensión nunca antes vistos.”[3] Aumentó de 460 a 19 000 los kilómetros de vías férreas y se creó una serie de bancos que posibilitaron el ensanchamiento y prosperidad de la agricultura, la minería, el comercio y la industria, favoreciéndose además la inversión de capital extranjero en todos los rubros económicos nacionales. El crecimiento económico aunado a la subordinación de los poderes legislativo y judicial al ejecutivo, permitió que Díaz tuviera el poder absoluto del país. A lo largo de su gobierno mantuvo a raya a cualquier tipo de oposición o disidencia modificando la ley o valiéndose de la fuerza pública.
Todo lo anterior ocasionó una gran diferenciación económica entre los distintos grupos sociales, caracterizada por la poca capilaridad social y por la pérdida de derechos civiles y políticos, lo cual generó una enorme tensión que finalmente estalló en 1910 con el movimiento armado encabezado por Francisco I. Madero.[4]
Como el lector medianamente informado puede recordar, la Revolución del señor Madero no fue el primer momento de crisis para el General Díaz, destacan por supuesto la huelga en la fábrica de textiles en Río Blanco, Veracruz; o los desmanes promovidos por el Partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón, sin embargo hubo también escisiones internas que sacudieron el orden político nacional. La más importante de ellas fue la que se produjo entre el señor General Bernardo Reyes, en ese momento Gobernador del Honorable estado de Nuevo León, y el Secretario de Hacienda el señor José Yves Limantour.
El General Bernardo Reyes nació en Guadalajara, Jalisco en 1850. Es un hombre de honor, destacado militar y político que ocupó entre 1900 y 1903 la Secretaria de Guerra y Marina y que gobernó el estado de Nuevo León entre 1885 y 1909. En 1902 el señor presidente Díaz planteó la posibilidad de abandonar el poder y no contender en las elecciones que se realizarían en 1904. Se dio una fuerte pugna entre Reyes y José Ives Limantour, Secretario de Hacienda, en expectativa de que Díaz designara a alguno de ellos como candidato oficial.[5] Ambos representaban los dos bastiones del poder porfirista: los militares, representados por Reyes, y los conocidos como científicos, un grupo de viejos políticos de ideología positivista pertenecientes a la más alta burguesía nacional, representados por Limantour. El conflicto sacudió los círculos de poder porfirista y culminó con el desprestigio de Limantour y la entronización popular de Reyes, aunque ninguno de los dos participó en las elecciones y Díaz fue electo una vez más.
Ante las elecciones de 1910, para las que Díaz ha prometido nuevamente abandonar el poder, Reyes se perfila desde 1909 como el candidato más popular, por lo que es enviado al exilio. En abril de 1911, viendo los enormes avances del movimiento revolucionario, el General Díaz pide la vuelta de Reyes al país, sin estar claro que persigue con su regreso. En medio del océano, camino a la Patria, Reyes se entera de la renuncia de Díaz.[6]
Con la Revolución triunfante y la presidencia interina Francisco León de la Barra, Reyes se plantea el lanzarse como candidato presidencial. El panorama nacional ha cambiado muchísimo desde su exilio y aunque trató en un principio de unir fuerzas con Madero para garantizar un gobierno más incluyente y con un carácter de transición, no pudo convencer al revolucionario, por lo que se organizó su candidatura en torno a una campaña nacional que empezó a principios de agosto.
La redacción de este diario ha considerado necesario hacer esta retrospectiva de los problemas políticos que aquejan a nuestro país, con el fin de facilitar a nuestros apreciables lectores la comprensión de los acontecimientos que plasma la fotografía que hemos colocado en primera plana.

La Mamá: Pero como me alegraré de que se den un buen golpe muchachos malcriados…
Como saben existe actualmente una gran inestabilidad nacional que, si bien no se compara con los aciagos meses de la Revolución, no permite actualmente dilucidar quién resultará triunfador en las elecciones en que el pueblo de México designará a su primer mandatario. Por un lado debemos reconocer que el señor Francisco I. Madero goza de una gran popularidad, no sólo por su carisma y altos valores, sino porque se encuentra revestido con la gloria de haber puesto fin a la dictadura. Sin embargo es cierto también que el señor Madero ha sido demasiado conciliador con los miembros del antiguo régimen, sin notar, o sin querer hacerlo, que estos no piensan en él como un prospecto de gobernante. Por otro lado también resultan lamentables las divisiones que surgieron en el seno de su partido entre sus partidarios y los de los hermanos Francisco y Emilio Vásquez Gómez, lo cual ha restado fuerza a su movimiento. Es de notarse también la popularidad que entre los porfiristas ha alcanzado el presidente interino, por lo que es probable también que el señor Francisco León de la Barra, que a lo largo de los últimos años ha tenido múltiples desencuentros y conflictos con el señor Madero, resulte vencedor en la próxima contienda electoral. Por último no olvidemos la gran popularidad de la que goza desde 1902 el General Bernardo Reyes, que cuenta con el apoyo del ejército federal y el único que tiene probadas sus capacidades de gobierno. Todo esto enrarece el clima de las próximas elecciones y ha generado una multitud de conflictos entre los partidarios de los tres candidatos, particularmente en la Ciudad de México.[7]
Para organizar la campaña los partidarios del señor General Reyes fueron convocados por el Doctor Samuel Espinosa de los Monteros, quien ha organizado clubes y centros reyistas así como los principales mítines en el teatro Zaragoza y en las calles de Santa María, en donde tuvieron gran oposición de parte de los maderistas, que prácticamente les han declarado la guerra.
Así partidarios que buscan sostener la candidatura del General Reyes organizaron para la mañana de ayer, domingo 3 de septiembre, una manifestación en su honor que acabó como el Rosario de Amozoc. [8] Se dieron cita en la calle del Apartado y la plaza del Carmen a las 8:00 am y tan sólo media hora después se había reunido el imponente número de 600 reyistas. Llegaron montados el doctor Espinosa de los Monteros y el licenciado Rodolfo Reyes, hijo y consejero político del General, quienes junto con otros organizadores decidieron que comenzara la manifestación. Para ese momento ya se habían producido algunos incidentes menores entre los manifestantes y algunos maderistas que, observando los preparativos del acto, se divertían insultándolos y burlándose de ellos y de su candidato.
Cuando empezó a andar la manifestación los maderistas le bloquearon, quedando cortada la columna que formaba el grueso de la misma. Esto hizo que se presentara la Policía tratando de calmar los ánimos para que la manifestación pudiera proseguir. Acompañaban al contingente principal cerca de veinte automóviles que en su interior llevaban grandes paquetes largos que llamaron la atención de los guardianes del orden. Cuando los presentes se asosegaron un poco, la Policía registró dos de los autos y pudo ver que los paquetes contenían numerosos rifles y parque. Sospechando justificadamente se dieron a la tarea de revisar todos los autos, y vieron que estaban llenos de armas y municiones. Esto generó la indignación de la multitud, a pesar de lo cual la manifestación siguió adelante en medio de la rechifla general.
Los manifestantes iban custodiados por gendarmes montados y llevaban tres bandas de música, que amenizaban el caudaloso río de banderas rojas. Otro incidente se presentó en la esquina de Santo Domingo y Donceles, cuando algunos de los participantes en la manifestación pretendieron linchar con sus banderas y estandartes a un infeliz que se atrevió a gritar “¡Que muera Bernardo Reyes!”. Afortunadamente esto fue impedido por algunos maderistas que por ahí se encontraban.
Al llegar la manifestación a la Plaza de la Constitución, surgió un nuevo escándalo porque algunos maderistas les arrojaron basura de los contenedores de la plaza, pasto de los jardines y las escobas de los barrenderos que en ese momento se encontraban laborando, en medio de epítetos denigrantes y vivas a Madero.
Conforme avanzaba por la calles de la ciudad la manifestación recibió apoyo desde algunos balcones, desde donde varias familias les arrojaron numerosos ramilletes de flores.
Continuó la marcha proselitista hasta Avenida Juárez, ahí frente a fotografía Daguerre, o quizás frente al templo de Corpus Christi o frente al hotel de San Francisco, llegó en automóvil el señor General Bernardo Reyes. Fue entusiastamente aclamado por sus partidarios y se decidió que encabezará la columna principal del acto en su honor.
La manifestación retrocedió hacia el oriente y al pasar por el Palacio Postal, apareció un grupo grande de maderistas que comenzó a insultar a la multitud, haciendo del General Reyes el blanco de sus iras. Como se impedía el paso los organizadores dieron orden de retroceder hacia Avenida Juárez. Ahí el grupo de maderistas se engrosó con otros más pequeños y en la esquina de la calle Teatro Nacional y Av. Juárez trataron de disolver la manifestación. Al no lograrlo, varios grupos se introdujeron en las obras del Teatro Nacional, donde hicieron provisión de piedras.
En ese momento los manifestantes se encontraban en la Plaza de Guardiola cuando fueron agredidos por las huestes maderistas, que en ese momento sumaban casi mil partidarios del revolucionario. Comenzó una terrible granizada petrea sobre los simpatizantes del General Reyes y varios de ellos fueron descalabrados. Un automóvil con dos señoritas que llevaban un clavel rojo en la solapa (símbolo del reyismo), pasaba en ese momento por San Juan de Letrán. En mala hora eligió su ruta el conductor, pues el automóvil fue lapidado y sus pasajeros insultados fuertemente.
Los maderistas enardecidos se apoderaron de los estandartes de sus enemigos y los quemaron en el medio de la calle. Temiendo por la integridad de su líder, sus partidarios refugiaron al General Reyes en el edificio de Fotografía Daguerre, el cual es apedreado junto con el resto de comercios ubicados en Avenida Juárez y la calle de San Francisco. Afortunadamente la mayor parte de los locatarios, avisados de la manifestación y temiendo que se presentarán disturbios como en efecto así fue, mandaron cubrir con tablas la fachada de sus negocios, protegiendo con ellos los escaparates, como podemos apreciar en la imagen. Así la pastelería y dulcería Hedderich’s y el hotel y restaurant Kingman’s pudieron prevenir el saqueo, aunque no por ello evitaron los daños sobre los cristales más pequeños y las ventanas de sus balcones. Algunos de los presentes se pronunciaron a favor de que fuera el General Reyes quien pagara por todos los desperfectos ocasionados en los negocios.
El licenciado Bonales Sandoval, colaborador cercano del General Reyes, intenta sin éxito salir a un balcón de Fotografía Daguerre con el ánimo de dirigirse al pueblo y apaciguar los ánimos violentos que lo imbuían. Con el mismo fin el General Reyes se asoma al balcón y usándolo como estrado grita “¡Todo por la Patria!”, recibiendo como respuesta una andanada de piedras, una de las cuales le dejó contuso. Completamente iracundo su hijo Rodolfo revienta en improperios soeces contra la multitud, resultando herido del mismo modo.
En ese momento se presentó en la escena de los hechos un escuadrón de Gendarmes de la Policía Montada, quienes intentaron proteger a los reyistas pero sin atacar a los contramanifestantes. Varios de los gendarmes resultaron lesionados por los improvisados proyectiles de los maderistas. Toda la calle se encontraba ya sembrada de vidrios, piedras y terrones, con algunas manchas de sangre.
Informados oportunamente de los hechos llegaron el Gobernador del Distrito Federal, Ingeniero Ignacio Rivero, y el Inspector General de Policía para restablecer el orden. Los partidarios del señor Madero, que se encontraban completamente fuera de sí, los recibieron de manera hostil y con una modesta pedrea. En medio de la rechifla generalizada alcanzó a oírse que alguien calificaba al Ingeniero Rivero de “viejo feo”, lo cual le hizo perder los estribos por lo que ordenó a la montada que arremetiera contra la multitud, aunque procurando no hacer grave daño. Los gendarmes se abalanzaron contra la multitud repartiendo algunos planazos con sus sables.
En este momento es cuando nuestro fotógrafo Manuel Ramos,[9] tomó la maravillosa instantánea que nos permite conocer el auténtico desarrollo de los hechos.
Si prestamos atención a la imagen notaremos que de los cinco gendarmes que se encuentran en el centro, varios llevan el sable desenfundado, con el cual seguramente golpearan a quien no sea lo suficientemente vivo para esquivarlos. Su silueta un poco borrosa nos indican la gran velocidad con la que irrumpen en la escena, sorprendiendo a varios de los transeúntes que se encuentran del lado derecho frente al Kingman’s. Incluso podemos apreciar que la puerta del Kingman’s es destrozada por la multitud que, aterrada por la violencia que reina en las calles, entra desbocada para ponerse a salvo. Algo similar pasa en la entrada de la pastelería La Parisiense en donde también entra un buen número de peatones en desbandada.
Contrasta con esto la actitud desenfadada de quienes se encuentran frente a Hedderich’s, lo cual se debe quizás a su falta de injerencia en la manifestación o en su sabotaje o quizás a la inesperada y veloz irrupción de los gendarmes.
Nuestro fotógrafo, que goza de una amplia experiencia en revistas ilustradas, supo colocarse en un lugar seguro para su equipo y su integridad personal. Así desde el Edificio Guardiola nos ofrece la posibilidad de ver la acción en pleno, así como a los curiosos que se asoman desde los balcones atraídos por el desorden.
El ideal de este diario ha sido siempre exponer la verdad tal cual es, pues tal debe ser el fin de la prensa. A mediados del gobierno del General Porfirio Díaz, nuestro medio fue lentamente evolucionando de la reflexión en artículos, a la crítica a través de la noticia. Esto por supuesto se vio favorecido gracias a la mayor velocidad con que recibimos la información gracias a la amplitud de las redes de telégrafo y ferrocarril, consecuencia del auge económico de los últimos 30 años. Paralelo a ello, el desarrollo tecnológico nos ha facilitado cada vez más el uso de imágenes en los medios impresos. Por supuesto en un principio asumimos de la cámara su capacidad para capturar la realidad, pero siempre lo hicimos en función de nuestros patrones visuales, esto es reproduciendo con la cámara el mundo como lo queríamos ver: como una pintura. La toma de conciencia de la posibilidad de la cámara de captar al mundo tal cual es y el mejoramiento tecnológico que hizo más versátil y práctico el dispositivo fotográfico, nos ha permitido captar la acción en el momento.
La instantánea de Ramos que hemos reproducido en primera plana es la prueba de ello. Como diario de actualidad que somos, en medio de nuestra realidad actual, un contexto nacional convulso, llevamos al lector al centro de la acción a través de la imagen. Ya no son necesarias las almidonadas poses y escenarios de la fotografía porfirista, ahora tenemos la oportunidad de mostrar tal cual es el mundo del lector. Mostrarle el momento exacto de la acción capturado y perpetuado para siempre a través del medio fotográfico. No nos importa más si los gendarmes aparecen borrosos, si el ángulo de la imagen es inusual, o si ningún rostro es reconocible. Lo que les ofrecemos apreciables lectores, a través de la fotografía de Manuel Ramos, es la posibilidad de conocer la realidad tal cual fue en el momento en que se convirtió en noticia.[10]
La fotografía de Manuel Ramos nos muestra el momento justo en que, debido a la convulsa situación nacional, dos grupos de ciudadanos enfrentados políticamente pasan de las palabras a los hechos obligando a la fuerza pública a intervenir.[11]
La arremetida de los gendarmes no fue suficiente para disolver a la multitud, la cual con los ánimos exacerbados se aprestó a la defensa y respondió con una nueva pedrea.
Al saber en su residencia el señor Madero lo que está pasando, siente la necesidad de ir en persona para apaciguar a los manifestantes. Sus colaboradores le recomiendan lo contrario por lo que se comisiona a un grupo de sus colaboradores para que vayan en el auto de madero al lugar de los hechos. Estos se presentan frente al templo de Corpus Christi y al no ser reconocidos por la multitud son recibidos con una lluvia de guijarros, creyéndose que son reyistas. Los colaboradores del señor Madero al ver que Rodolfo Reyes se encuentra en peligro, se dirigen hacia el para protegerlo, la multitud enardecida se les hecha encima y destroza completamente el hermoso auto marca “Protos”, del jefe de la Revolución triunfante.
Enterado de esto el señor Madero llega a Av. Juárez, y subido en su auto se dirige al pueblo, al cual le dijo poco más o menos las siguientes palabras:
“No deben nunca olvidar ustedes que el respeto al derecho ajeno es la paz. Si la dictadura del General Díaz provocó la guerra, es porque no respetaba los derechos del pueblo. Pues bien, ahora si queremos tener paz necesitamos respetar los derechos de los demás. Por ese motivo no apruebo yo que hayan disuelto en la forma violenta en que lo hicieron, la manifestación al señor General Reyes.
Aunque comprendo que causa indignación en el pueblo que el General Reyes haya lanzado su candidatura porque como se lo dije en una conversación privada, después de que el pueblo luchó tanto para derrocar una tiranía, le causa indignación que traten de engañarlo aprovechándose de la libertad que él mismo se conquistó y quienes imponerle otra dictadura.
Ahora váis a ejercitar vuestros derechos dentro de la ley y podéis tener la seguridad absoluta de que no podrá triunfar el General Reyes, porque si vamos a los comicios, el noventa y nueve por ciento o más estará con nosotros, y si vamos a las armas estaremos en la misma proporción, y ya sabe el señor General Bernardo Reyes que no puede jugar con el pueblo mejicano. De manera que no crean ustedes que intente hacer algo; pero si desgraciadamente lo intentase, será para recoger su merecido.
Suplico a ustedes que en su manifestación recuerden que están ejerciendo un derecho de ciudadanos y sepan que la conquista que han hecho de sus derechos les impone también deberes, y esos deberes son respetar la ley y los derechos de los demás.”[12]
En ese momento, cerca de la 1:30 de la tarde, se presentaron en la escena dos escuadrones de caballería del ejército. La multitud permaneció en la gritadera hasta que se escuchó que los comandantes ordenaron “A discreción, carguen”, con ello cesó el escándalo y la multitud prorrumpió en vivas para el ejército. Los soldados se encaminaron a la avenida San Francisco, y en poco tiempo los presentes, tanto reyistas como maderistas, se disolvieron terminando con ello los disturbios. El saldo total de la refriega es de 13 gendarmes heridos y más de 60 civiles, siendo lo más común contusiones, fracturas de dedos, contusiones por sablazos y machucamientos.

 


APÉNDICE: QUÉ PASARÁ CON BERNARDO REYES
Arguyendo la inviabilidad de las elecciones, debido a la inestabilidad nacional y a la influencia que sobre el Congreso y la Opinión Pública tiene Madero, se presentó por parte de Reyes, el Partido Nacional Católico y los partidarios de Francisco Vásquez Gómez una iniciativa al Congreso para que éstas fueran aplazadas. Ante la repuesta negativa del Congreso, Bernardo Reyes abandonará la contienda presidencial y el país el 28 de septiembre de 1911. Madero ganará las elecciones en noviembre de ese año ante lo cual Reyes lanzará un Plan Político el 16 de noviembre e intentará un levantamiento armado desde la frontera norte. Cruzará la frontera el 5 de diciembre tratando de promover la rebelión, solo para descubrir que la mayoría de sus partidarios le han abandonado. Esto se debe a que el proyecto político de Reyes, tan atractivo en 1902 o 1909, resulta ahora insuficiente para un pueblo que, tras un movimiento armado, tiene expectativas mucho mayores. Profundamente decepcionado Reyes se entregará el 25 de diciembre en Linares, Nuevo León. Será apresado y conducido a la Prisión Militar de Santiago Tlatelolco, en donde permanecerá hasta Febrero de 1913, cuando participe en la insurrección que desencadena la Decena Trágica, que culminará con la destitución y asesinato de Madero. Aunque como parte de este Golpe de Estado se planteaba la ascensión de Reyes y Félix Díaz al poder, esto se verá truncado por la muerte de Reyes bajo el fuego de metralla en el primer intento por tomar Palacio Nacional el 9 de febrero. Vid. Miguel Soto “El fracaso del reyismo”
[1] Estos son los titulares originales del diario El País. Diario Católico, una publicación que se origina en 1899, auspiciada por Trinidad Sánchez, para la que trabajó Manuel Ramos entre 1910 y 1913. La inauguración de este periódico está vinculada a una nueva corriente de prensa que, si bien era de oposición, se caracterizó por ser menos polémica y doctrinaria. Con una mayor referencia a cuestiones específicas y ya no tanto a posturas ideológicas, favoreciendo la noticia al artículo de opinión. Acacia Maldonado, “3.1 La prensa y el poder” en Manuel Ramos en la prensa ilustrada capitalina de principios del siglo XX: 1897-1924, págs. 70-83.
El lema en latín de El País, “PRO ARIS ET FOCIS CERTARE” puede traducirse como “[Combatir] Por la religión y por la Patria”. Es una frase de Cicerón incluida en su obra Natura Deorum y fue utilizada por diario y organizaciones militantes católicas en todo el mundo. Alejandra López Camacho, El periódico la sociedad. Periódico político y literario 1857-1867, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, consultado en http://historiadoresdelaprensa.com.mx/hdp/files/104.doc
[2] Esta valoración sobre el Porfiriato es exagerada y tradicionalista y nos es la visión del autor. Sin embargo es una visión que pervivió como parte de la historia oficial mexicana durante muchísimos años. El autor la introdujo por ser el discurso de varios periódicos, no necesariamente maderistas, entre ellos El País. Diario Católico.
[3] Daniel Cosío Villegas, “El porfiriato”, pág. 128
[4] Ibid.
[5] Algunos historiadores identifican la raíz del conflicto en 1899, cuando Díaz prometió la sucesión presidencial a Limantour siempre y cuando Reyes estuviera de acuerdo. Traicionando a ambos, Díaz se reeligió una vez más. Francisco Bulnes señala que Díaz, a lo largo de todo su gobierno, generó pugnas entre sus partidarios de modo que no hubiera entre sus allegados alguien con más poder que él, ni que pudiera generar simpatías suficientes para sustituirlo en la presidencia. Carmen Saez, “La élite dividida” en Enrique Florescano (coord.), Crisis del Porfirismo, págs. 119-126
[6] Miguel Soto, “El fracaso del reyismo” en Enrique Florescano (coord.), Madero y el tiempo nuevo, pág. 359
[7] No olvidemos que al clima de inestabilidad se suma el descontento de las tropas revolucionarias con Madero por dos razones principales: el conceder la presidencia interina a León de la Barra, lo cual fue considerado por muchos una traición y una permanencia innecesaria del porfiriato; y el licenciamiento de las tropas revolucionarias, lo cual deja a un lado a los combatientes del nuevo proyecto nacional, desconociéndolos y quitando legitimidad al propio movimiento. No olvidemos que las tropas de Emiliano Zapata continúan sublevadas. Enrique Krauze, Francisco I. Madero, pág. 67. Al autor le gustaría poder abundar en el contexto problemático en que se desarrollaron estas elecciones, sin embargo la mayor parte de la historiografía sobre el tema se enfoca en el triunfo electoral y legitimador de Madero y no en las dificultades que tuvo para conseguirlo. Pensando en esto el autor ha decidido incluir la caricatura de 1911 del diario El Ahuizote, que enuncia de manera muy clara el pensamiento de la época. La imagen fue obtenida de Miguel Soto, “El fracaso del reyismo” en Enrique Florescano (coord.), Madero y el tiempo nuevo, pág. 362.
[8] A partir de este momento presento mi relatoría de los hechos basada en las noticias de El País y El Imparcial (principal periódico de la época). Dado que ambos presentan en ocasiones versiones contradictorias o refieren hechos que el otro no, deliberadamente voy a omitir las referencias, pretendiendo con la confusión que el lector forme su propio juicio sobre los acontecimientos.
[9] Manuel Ramos nación en San Luis Potosí en 1874, parte de una familia media de clase urbana característica del porfiriato. Trabajó en varias de las más importantes publicaciones de la época, como El Imparcial y El mundo Ilustrado, ambas muy apegadas al régimen. Después de colaborar con El País Diario Católico. encontró trabajo como fotógrafo oficial del Museo Nacional en 1913 y más tarde en Inspección General de Monumentos Coloniales. Durante el movimiento cristero tendrá una importante participación, fotografiando a los combatientes, a los mártires y experimentando en la elaboración de fotomontajes, estas imágenes fueron muy difundidas entra la población católica como elementos de unidad y resistencia. Murió en 1945. Acacia Maldonado, “2.1 Datos biográficos”, op cit., págs. 32-44.
[10] Esta no es la visión que sobre la fotografía tiene el autor, pero fiel al ejercicio se abstiene de hacer alguna referencia a ella.
[11] “[Durante los primeros años de la Revolución Mexicana]El fotógrafo de prensa o el reportero gráfico es el que cumple la tarea de captar con su cámara los acontecimientos de actualidad que los editores o redactores le solicitan. Este tipo de fotógrafo se caracteriza por no manejar un lenguaje o discurso visual propio, puesto que la imagen es utilizada como ilustración, como testimonio fidedigno de algún hecho.” Acacia Maldonado, op cit., pág. 30.
[12] El País. Diario Católico, 4 de septiembre de 1911, página 4.

Unidad Nacional: Una imagen de los Hermanos Mayo

4 Jun
Publicado originalmente el 29 de noviembre de 2010.
El 15 de septiembre de 1942 la sociedad mexicana concurre a la magna celebración del aniversario de la Independencia Nacional. En el podio un hombre habla, en la plaza miles escuchan. 

Pueblo de México: En estos días, en que celebramos la proclamación de la Independencia, debemos aproximarnos con emoción a la realidad intrínseca de la Patria. Han transcurrido 132 años desde aquel en que nuestro pueblo rodeó en Dolores, al hombre de iluminada visión que tan merecidamente llamamos el Padre Hidalgo. .
.. Ninguna amargura nos fue evitada durante el proceso que requería la organización autónoma del país. Cuántos dolores parecía augurarnos el nombre mismo de la ciudad en que sonó por primera vez la campana inmortal de la Independencia, nuestras masas los han sufrido sin una queja, con ese heroísmo que hizo de bronce la intrepidez de Cuauhtémoc, la resolución de Morelos y la tenacidad ejemplar de Benito Juárez.
[1]
Junto al hombre, los hombres. El presidente, los ex presidentes, herederos de Hidalgo y de Juárez, los dioses de la política nacional desde 1920. Hijos de la revolución. Los tlatoanis del pueblo de los dolores, que una vez más se duele por la guerra. Siete hombres que a veces tendían la mano y a veces tendían la trampa, los unos contra los otros, contra uno, contra todos.
En 1920, después de cinco años de guerra civil, el ejército constitucionalista se hace con el poder y controla la mayor parte del país, aunque persiste un gran número de los antiguos líderes revolucionarios estos se hayan inconexos entre sí y, a excepción de los zapatistas, carecen de un plan político o de gobierno. El primer presidente del nuevo régimen constitucional, antes Primer Jefe de la Revolución, Venustiano Carranza, postula como candidato a la presidencia, pretendiendo imponerlo en el cargo, al civil Ignacio Bonillas, hombre con poco reconocimiento popular y de breve trayectoria política. Esto desencadena un conflicto armado con las facciones revolucionarias que le eran fieles y cuyos líderes esperaban una mayor incidencia en el poder, lo que desemboca en una división del grupo revolucionario constitucionalista: los leales a Carranza y los leales a Obregón, conocidos como Grupo Sonora[2] que se levantan en armas blandiendo el Plan de Agua Prieta promulgado por el gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta. [3]
La rebelión agua prietista triunfa en mayo del mismo año y consigue que de la Huerta sea electo por las cámaras como presidente interino siendo su responsabilidad convocar a elecciones para el período 1924-1928. Durante su período se disuelven todos los grupos armados del país consolidando con ello la hegemonía del grupo Sonora[4]. A partir de la presidencia de Adolfo de la Huerta, el país inicia un largo proceso para encontrar una fórmula para la sucesión gubernamental, “… la victoria del grupo en el poder, cuyo soporte principal era aún el de las armas, debería transformarse en un verdadero triunfo social y político, produciendo un Estado auténticamente nacional e indiscutible, por ser más representativo y poderoso que cualquiera de los intereses en pugna. Para lograr tales propósitos era necesario transformar en actos positivos el compromiso constitucional de 1917. Así, en la medida en que el gobierno diera satisfacción a las necesidades y aspiraciones de los campesinos y los obreros, estos se identificarían con él y lo apoyarían. De esta manera, también, las fuentes del poder serían otras que las puramente militares.[5]”
Esa fórmula se presentaría con el gobierno de Lázaro Cárdenas y se consolidaría con el de Manuel Ávila Camacho: el presidencialismo. Sin embargo, las dos décadas transcurridas desde la caída de Carranza estuvieron plagadas de levantamientos, rencillas y fuertes crisis del ejercicio del poder.
Ocho gobernantes tuvieron los mexicanos durante este período. En 1920 Manuel, Lázaro, Pascual, Abelardo, Plutarco y Adolfo se rebelaron contra la imposición presidencial que pretendía Carranza. Adolfo fue presidente interino y Pascual fue su secretario. En 1923 Adolfo se levantó en armas contra la imposición de Plutarco en la presidencia dictada por Obregón. Manuel, Lázaro y Abelardo lo combatieron. Plutarco fue presidente y Adolfo se exilió en EEUU, Plutarco mandó a Pascual a Alemania. En 1928 Plutarco impuso a Emilio en la presidencia, mientras Manuel y Abelardo combatían a los Cristeros. En 1929 Emilio firmó la paz con los cristeros y rompió relaciones diplomáticas con la URSS. En 1930 Pascual es elegido presidente y Emilio fue su secretario. En 1932 por resistirse a su control Plutarco obliga a Pascual a renunciar e impone a Abelardo como presidente. Lázaro es secretario de Abelardo y en 1935 es electo presidente, Manuel es su secretario. Durante su período expropia tierras de familiares de Plutarco y Emilio, y clausura los negocios de apuestas que poseía Abelardo. En 1936 expulsa a Plutarco del país. En 1939 Plutarco intenta una intervención extranjera para deponer a Lázaro quien invita a Adolfo a regresar al país y Manuel es electo candidato presidencial contra las opiniones de Emilio, Abelardo y Pascual. Manuel sube al poder tras unas controvertidas elecciones en 1940. Dos años después convoca a la magna ceremonia donde los siete se encuentran por única vez.
Todos tenían una noción diferente de los términos que debían regir la entrega del poder, lo cual los enfrentó unos con otros durante 26 años, y los convirtió en las máximas figuras de poder en la política mexicana de ese período. 

El 28 de mayo de 1942 México declaró la guerra a las Potencias del Eje a raíz del hundimiento de los buques petroleros “Faja de oro” y “Potrero del llano” por submarinos alemanes en aguas del Golfo de México[6], el ingreso a la Segunda Guerra Mundial requería un inmenso apoyo popular respaldado en un discurso conciliador. La unión hace la fuerza, unión contra el enemigo, unidad ante la guerra, unión ante el peligro: Unidad Nacional. Para lograr la unidad: olvidar las rencillas, afianzar amistades, concurrir todos juntos a la celebración de la unidad misma. El 15 de septiembre siete ex presidentes[7] concurrieron al zócalo de la Ciudad de México, olvidando los exilios, los levantamientos, los intentos de asesinato, olvidando los odios mutuos para unirse en tiempos de crisis, en tiempos de guerra. Nunca antes había sucedido y nunca más sucederá de nuevo, juntos, de pie en el estrado, en el mismo tiempo, en el mismo lugar, en la misma fotografía. Con qué cara te paras junto al enemigo, con qué perfil le sonríes a quien te forzó al exilio, con qué gesto saludas a las masas que aclamaron a tu némesis y te vituperaron ampliamente. Con que porte se soportan unos a otros, personificando la Unidad Nacional.
El 28 de mayo último, el país, por medio de sus representantes legales, afrontó, en el Congreso de la Unión, el problema político de la guerra. Hoy en esta Plaza de Armas –que a través de todas las contingencias, ha constituido siempre el ágora nacional- es el pueblo mismo el que viene a sellar los compromisos contraídos por el Gobierno.
… los tres colores de nuestro pabellón flamearán con honra, a los libres vientos de un mundo que está resuelto a luchar hasta el último extremo para mantener incólume la independencia, la dignidad y la democracia por la que murieron nuestros antepasados y por las que nosotros combatiremos sin restricción.
Este acto es un testimonio de fe. En este sitio, en el que palpita el corazón de la patria, ¡qué claramente oímos la voz de México!
Hemos vivido –nos dice- en la sangre y en el dolor, pero no porque amásemos la crueldad, sino porque el dolor y la sangre eran necesarios para cimentar la estructura del progreso social y de la justicia. Hemos sufrido con estoicismo todas las torturas, pero no por pasividad sino por firmeza; pues sabemos perfectamente que las grandes conquistas de la civilización solamente perduran cuando se afianzan en carne propia y cuando son el producto de una constante batalla contra las fuerzas del mal y de las tinieblas.
Hemos sido rebeldes porque no queríamos ser esclavos. Y ahora que la ola de fuego del imperialismo más arbitrario trata de reducir a cenizas nuestra existencia, aquí estamos todos, los de hoy los de ayer, los ausentes y los presentes, los que viven y los que fueron, constituyendo una unión sagrada que ningún ataque enemigo dividirá.
El pueblo de los dolores, pena una vez más por la guerra pero se alegra porque la desgracia que lo aqueja ha conseguido unir a los protagonistas de los últimos dolorosos años, los arquitectos del progreso social y la justicia del México revolucionario. Cerca los unos de los otros, uno habla, los demás en silencio miran incólumes a la multitud que no sale en la foto. El plano de la fotografía da fe de su humanidad: las arrugas en sus rostros, las corbatas diferentes, los trajes en unos los uniformes en otros; y a la vez los monumentaliza, en sus gestos, en la mirada, en su carácter de definidores de la vida nacional. Detrás, engalanado para la ocasión está el palacio desde donde gobernaron todos, de frente el pueblo al que gobernaron. La luz natural y cenital acentúa el carácter de ceremonia cívica, el plano americano que muestra la augusta solemnidad de los mandatarios acentúa la importancia de la misma, de ellos mismos.[8]
El estrado se disuelve en el anonimato de los que están pero no son nadie, los funcionarios menores en el fondo, el hombre trajeado que a todas luces viola el protocolo de la ocasión, y el equilibrista en el barandal, ajustando o cambiando el flash de su cámara, preocupado no por el momento sino por la imagen. En simetría a él se encuentra nuestro fotógrafo, por el ángulo de la fotografía es probable que el también se balancee frente a los ex mandatarios. Nuestro fotógrafo es uno de los Hermanos Mayo, nombre con el que se conoce a los fotógrafos Francisco Souza, Faustino del Castillo, Cándido Souza, Pablo del Castillo y Julio Souza, españoles que a principios de la década de los 30 fundaron la agencia de fotografía periodística Hermanos Mayo[9].
Entre la proclamación de la Segunda República Española en 1931 y el estallido de la Guerra Civil en 1936, los Hermanos Mayo trabajaron para varios periódicos liberales[10] y con algunas publicaciones más comprometidas con la izquierda[11]. Al empezar la guerra, se incorporaron en diversas unidades[12] dispersándose por toda España. Con la derrota republicana Pablo y Julio fueron encarcelados, siendo reclamados para su exilio por la embajada de México en Lisboa en 1947 y 1952 respectivamente; Paco, Faustino y Cándido fueron internados en campos de concentración franceses logrando exiliarse en México en 1939, para llegar a bordo del Sinaia con otros 1,600 refugiados españoles[13], e instalar de nueva cuenta el colectivo Hnos. Mayo.
La experiencia adquirida por ellos en la guerra, revolucionará la fotografía periodística en México, a través de un acercamiento con lo que es fotografiado y a través de la innovación técnica.
En el primer sentido el carácter fugaz pero definitorio de los acontecimientos fotografiados en la guerra requieren para con el objeto fotografiado una cercanía carnal apoyada en un carácter inmediato y con preeminencia de los primeros planos. En este sentido dice Julio Souza:”La fotografía de prensa, no sólo para los Hermanos Mayo, sino para cualquiera que quiera ser reportero gráfico, debe hablar antes que el texto[14], debe decir por si misma qué es, qué mensaje lleva, qué ocurre…[15] Los fotógrafos de prensa somos la infantería del periodismo, porque siempre tenemos que marchar en primera línea. Tenemos que ir al lugar, no nos lo pueden contar, tenemos que verlo a través del visor de la cámara.[16]”La innovación técnica se da en la incorporación de nuevos implementos o materiales, en particular el uso de cámaras Leica.[17] Las condiciones de vida en el frente de batalla, así como el riesgo directo que implica el estar presente mientras se desarrolla la misma, exigen al fotógrafo una mayor movilidad, un equipo ligero y fácil de maniobrar y una mayor eficiencia de su producción fotográfica[18]. Todo ello facilitado por la cámara Leica[19], cuyo uso se generalizó en México por los Hnos. Mayo.

“Los directores de fotografía de las publicaciones mexicanas no creyeron que se podían hacer buenas fotos de los negativos chicos de 35 mm que utilizaban las Leicas y preferían las placas de 4 x 5 ó de 5 x 7…[20] los Mayo tenían una ventaja enorme: las Leicas llevan rollos de película con 30 o 40 exposiciones, mientras las viejas cámaras traían placas con sólo 12 exposiciones. Una vez que se aclaró que los negativos de 35 mm eran perfectamente aceptables para [su] publicación en revistas y periódicos el mayor número de fotos que los Mayo podían tomar les dio más posibilidades de cubrir eventos a fondo.[21]”

Su acercamiento a lo fotografiado, sus capacidades técnicas y su habilidad para trabajar colectivamente, los dotó de un don de ubicuidad[22].

El 15 de septiembre de 1942 alguno de los Hermanos Mayo retrata a los actores estelares de la Gran Asamblea de Acercamiento Nacional, ceremonia convocada desde la presidencia para aglutinar a la ciudadanía en un momento de crisis y amenaza para la nación: la Segunda Guerra Mundial.
Entre los ataques del exterior y las acomodaciones [sic] violentas del interior, nuestra vida fue construyéndose, día a día, hasta llegar a esa noble etapa de reivindicaciones humanas que inició la revolución de 1910.
Un México más genuino y más libre surgió de ese movimiento. Un México que podía sentirse ya con derecho no a las molicies de la indolencia, pero sí a los trabajos fértiles de la paz.
Sin embargo, esta vez también lo que creíamos haber definitivamente logrado merced al sacrificio de nuestros mártires populares, se hallaba en duda. Las viejas fuerzas que habíamos tratado de desarticular y de deshacer a lo largo de un siglo de abnegación, representan de pronto para nosotros un peligro más grave que todos los anteriores. Ante las agresiones del Eje, el país entero se puso en pie. Así México conmemora este año su Independencia bajo el signo dramático de la guerra.
La hora es de unión y de austeridad. De cada una de las entidades del territorio nos llega un mensaje análogo: México está decidido a colaborar para la victoria final de las democracias; las ciudades de México no desean permanecer en el ocio de una espera inerte e irresponsable; el pueblo de México no se dejará vencer por la desmoralización de los derrotistas, ni por el temor de una lucha que aceptamos con energía y que libraremos con pundonor.

Un México más genuino y libre emanó de la Revolución, después de diez años de enfrentamientos armados vinieron 22 años de puñaladas traperas. Veintidós años que terminan ese 15 de septiembre con la hegemonía del presidencialismo a la sombra de la Unidad Nacional. Después de una historia nacional en donde la continuidad, transición y sucesión del poder estaba definida por las armas[23], la sucesión presidencial entre de la Huerta y Obregón[24] fue determinada por éste último, él mismo fijó que lo sucediera Calles y tras ello su propia reelección, misma que no se llevó a cabo por que fue asesinado siendo ya presidente electo. Emilio Portes Gil, un civil obregonista moderado es nombrado presidente interino para el período 1928-1930. Tras el asesinato de Obregón, Calles se pronuncia, en su último informe presidencial, por la hora de abandonar el caudillaje y girar hacia la institucionalización, así se funda el Partido Nacional Revolucionario como una confederación de partidos de carácter “revolucionario” que pueda mediar en la sucesión presidencial, sin embargo es Calles el que toma las decisiones negociando con las cámaras, el partido y el presidente en última instancia. El período de la supremacía callista controlando toda fuerza política por encima de los presidentes se conoce como “Maximato” y corresponde a las presidencias de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, quien es electo en 1930 y renuncia en 1932, y de Abelardo L. Rodríguez presidente interino hasta 1934, año en que es electo presidente el general Lázaro Cárdenas[25].
Es el primer mandatario desde Calles en concluir su período el cual, por primera vez, es de seis años. Al finalizar el Maximato “la continuidad en el poder había permitido al grupo gobernante compartir otras formas de dominio social. Al construirse las obras complementarias para la transformación de la economía agraria, de los servicios públicos de la salubridad y la educación, una derrama de bienes empezó a generar una clase nacional económicamente fuerte fuera y dentro del poder público. Por otra parte, la necesidad del crédito extranjero para el propio crecimiento nacional, había atemperado mucho las actitudes nacionalistas mantenidas durante la revolución armada.”[26]Como simultáneamente las presiones populares no cesaron del todo, los años del Maximato fueron especialmente ambiguos y fluctuantes entre la lealtad y el abandono de las tesis revolucionarias de 1917. Al inicio del gobierno de Cárdenas la agitación social se manifestó incontenible, pero, rompiendo el estilo político de sus antecesores, él tomó partido por los movimientos populares. Confiados en el apoyo gubernamental, los obreros primero y los campesinos después, rebasaron a las antiguas organizaciones y a sus viejos líderes, incorporados al Maximato. Esa forma de liberación de las fuerzas sociales no significó que el gobierno dejara de operar sobre ellas, como en efecto venía haciéndolo desde la presidencia de Obregón, sino que los objetivos de su dirección serían distintos, constituirían el sustento “de dientes para afuera” de la legitimidad del poder presidencial. Dio inició el presidencialismo, como método de sucesión gubernamental en el que se abandonó el poderío de un solo hombre para dar cabida al poderío de una institución, la presidencia, sustentada aparentemente de manera popular, y en donde el acceso a dicha institución estaba mediado por un organismo, el partido, que garantizaba y salvaguardaba los intereses de todos los cotos de poder, y que de igual manera se encontraba cimentado en bases simuladamente populares.
Sin embargo el proceso que había permitido la inauguración del presidencialismo había mermado los intereses de la nueva clase económicamente fuerte, dañado los de las potencias extranjeras (en particular por la expropiación petrolera y la nacionalización de los ferrocarriles), y empoderado a las clases populares, todo lo cual, sino conseguía equilibrarse y responder al poder presidencial, amenazaba directamente al mismo.
Es por ello que el sexenio de Manuel Ávila Camacho, se enfocará a conseguir tan preciado equilibrio que permita consolidar definitivamente el presidencialismo.”El gran telón de fondo de la segunda guerra mundial justificó la nueva política, proclamada como de unidad nacional, que en realidad se tradujo en un forzado quietismo [sic] social favorable al renacimiento de los factores de poder deteriorados en el sexenio anterior. La reforma agraria, antes floreciente, languideció. Los movimientos obreros también. El capital extranjero, ligado más que nunca –y por razones de seguridad y táctica internacionales- con el capital nacional, se dejó sentir otra vez poderoso e incontenible. Pero en verdad el régimen de Ávila Camacho no fue del todo ajeno a la revolución y su ideología. Hizo suya una parte de la doctrina y la puso en práctica…”[27]Se favoreció un fuerte nacionalismo a la vez que se dio entrada a los intereses internacionales, se proclamo la independencia económica[28] y simultáneamente se dieron facilidades de inversión a los extranjeros, se ofreció trabajo a las masas lo cual además proveía de trabajadores a una planta industrial que de lo contrario se hubiera desmoronado[29]; en fin, cada una de las acciones del gobierno[30] estuvo dirigida a conseguir el equilibrio social bajo la hegemonía presidencial. Así apelando a la necesidad de la unidad nacional en un momento de crisis Ávila Camacho consiguió que los diversos sectores de la sociedad en pugna atemperaran sus intereses, haciéndoles pequeñas pero significativas concesiones, de modo que pudo consolidar y afirmar el presidencialismo en toda su extensión. Unidad Nacional ante la guerra, Unidad Nacional que posibilita al presidente para maniobrar a su manera con todos los cotos de poder nacionales y cobijarlos bajo su ala protectora que se encarna en este grandilocuente ceremonia, ¿qué hermanos podrían odiarse tras ver a Caín y Abel reconciliarse?

Cuando lo que se debate es la perduración de la Patria, las peculiaridades personales y los anhelos partidistas no tienen razón de ser.
En una época en que la memoria de nuestros héroes nos exhorta a salvar de la ira extranjera la integridad de nuestro destino, los desacuerdos particulares debilitarían la energía colectiva, la discordia implicaría una traición y las pasiones sectarias ceden el paso a la determinación respetable de un pueblo en guerra: la de unirse, sin reticencias y sin reservas, para vencer.
De ahí la importancia vital de este acto de acercamiento, en el que los representantes caracterizados de nuestro pasado inmediato y de nuestro presente se asocian y fraternizan, inspirados por un ideal mucho más elevado que el de las transitorias pugnas de orden interno: el de asegurar, frente al riesgo, la cohesión absoluta de la República.


Esta fotografía asegura contra el riesgo, esta fotografía es la cohesión absoluta, es la cumbre del presidencialismo, la cúspide del patriotismo, la corona de la Unidad Nacional.
Antes de iniciar la ceremonia los siete hombres se encontraban en Palacio Nacional. Al salir de las oficinas presidenciales hacia el palco, por un error de coordinación de los edecanes los siete hombres más poderosos del país en los últimos 22 años se quedan encerrados solos en una sala de espera. Tratan de salir pero todas las puertas están cerradas. Con qué cara te paras junto al enemigo, con qué gesto le sonríes. El incidente rompió el hielo y al poco tiempo fueron liberados por los edecanes que sin saberlo habían disuelto la tensión. Salen de su encierro y en la sala de espera dejan sus odios. Se plantan con todo su peso en la Unidad Nacional.

La habilidad de los Hermanos Mayo concreta en esta imagen todo el peso de la ceremonia. El retrato de los hombres más poderosos políticamente de la vida nacional postrevolucionaria, convoca verdaderamente a la unidad. Esta fotografía, en correspondencia con lo que los Mayo proclamaron como su idea de la fotografía, está en primera línea, está en un frente de batalla. La fotografía habla, no por si misma, pero sí con su historia, sí con el discurso que en ella aparece pero no se ve: la Unidad Nacional ante todo, cuando más lo necesita la nación.



[1] Discurso pronunciado por el entonces presidente Manuel Ávila Camacho en la ceremonia de Acercamiento Nacional el 15/09/1942, “Mensaje del Presidente”, periódico El Universal, 16/09/1942 (de aquí en adelante las referencias a dicho discurso se indicaran con cursivas)[2] Conocidos así por ser éste el estado natal de sus principales líderes (Obregón, Calles, de la Huerta) y allegados.

[3] Apuntes tomados por el autor, del curso Revolución Mexicana I y II impartido por la Dra. Josefina Mac Gregor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en el semestre 2008-1 y 2 (De aquí en adelante las referencias a dichos apuntes se indicaran marcando ARM a pie de página.)

[4] Varios de los caudillos serán expulsados del país como Pablo González o Félix Díaz, algunos se retirarán a la vida civil como Francisco Villa y los generales de la División del Norte, caso particular es el de los zapatistas que, al ser siempre enemigos de Carranza, se adscribieron en 1920 al Plan de Agua Prieta formando parte del ejército del Grupo Sonora mismo que fue incluido, en su totalidad, al terminar el conflicto a las filas del Ejército Federal. ARM.

[5] Eduardo Blanquel, “La Revolución Mexicana” en Daniel Cosío, Historia mínima de México, pág. 146.

[6] Podemos hablar de tres momentos en la Segunda Guerra Mundial hasta 1942, en primer lugar el inicio de la guerra con la invasión e Alemania a Polonia que después se extiende a Noruega, Francia, Holanda y Bélgica, en donde se definen los bandos combatientes y que está caracterizado por tener como zona de guerra Europa y el Mediterráneo, al final de este período se consolidan las llamadas Potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón; después hay una primera expansión de la zona de guerra hacia el África septentrional y el Asia menor por un lado, y hacia la península de Indochina e islas cercanas por el otro, que culmina con la entrada de EEUU a la guerra después del incidente de Pearl Harbor en 1941; de ahí hasta 1943 el Eje extiende sus ataques hacia la periferia dañando sobre todo suministros de cualquier tipo para los aliados, como los pozos petrolíferos de Irán que proveían a la URSS del energético. En este afán por mermar de cualquier modo las posibilidades de ataque de los aliados se inscribe el ataque alemán a los buques mexicanos pues México abastecía de petróleo a EEUU y al Reino Unido. Vid. Enrique Cárdenas, Gesta en el Golfo, México: Editorial Primicias, 1966

[7] El octavo mandatario, Álvaro Obregón, había sido asesinado en 1928.

[8] Esta fotografía fue publicada por los diarios Excélsior y El Nacional, en su segunda sección, el día 16 de septiembre de 1942.

[9] El colectivo está formado por miembros de dos familias los Souza Fernández y los del Castillo Cubillo. Todos se conocieron en distintos momentos y lugares trabajando como fotógrafos en muy diversas publicaciones. Aunque se han señalado diferentes motivos para el nombre del colectivo el más común lo relaciona con las aclamadas fotografías que Francisco tomó de una manifestación el 1º de mayo: “Salimos Paco, un compañero sordo llamado Manolo y yo. Iba a haber elecciones y la gente andaba con las cosas de la República; estaban muy en contra de la guardia civil que era muy represiva. Vino la represión: durante la manifestación se armó un relajo y tomamos fotografías que se publicaron en los periódicos. Entonces, todo el mundo hablaba de ‘las fotos de mayo’; empezaron a decir ‘Mayo, Mayo’, y nos quedamos con Mayo.” (Testimonio de Faustino Souza recogido por John Mraz) John Mraz, “Los Hermanos Mayo: Trabajando una mirada” en IVAM Centre Julio González, Foto Hnos. Mayo, pág. 23.

[10] Como El heraldo de Madrid y El Liberal. Ibid, pág. 24

[11] Como Mundo Obrero, Renovación, Juventud Roja, El Socialista y Claridades, Ibid.

[12]Julio fue el único que además de ejercer su oficio fue artillero. Como dato curioso Faustino trabajó para el periódico de la Primera Brigada Pasaremos dirigido por Adolfo Sánchez Vázquez, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ibid.

[13] El recibimiento de los exiliados republicanos fue una de las muchas acciones de Cárdenas que promovieron una visión del régimen más cercana a ideas de tipo socialista, además de difundir la preocupación de México por la situación internacional lo cual, como se dirá más adelante, fue fundamental para el gobierno de su sucesor en el poder.

[14] “… la fotografía de prensa se manifiesta en el periódico como si fuera un texto autónomo que entra en interrelación con los textos escritos. La fotografía de prensa no es cualquier texto, sino que aparece como un texto visual cuya misión es vehicular un mensaje informativo o publicitario.” Lorenzo Vilches, Teoría de la imagen periodística, pág. 80.

[15] Julio Souza, “Fragmentos de un discurso” en IVAM Centre Julio González, Foto Hnos. Mayo, pág. 15

[16] Ibid, pág. 13

[17] Las cámaras más usadas en México eran la Graflex y la Kodak 3A, siendo inconveniente de la primera su gran peso y la necesidad de un trípode si no había buena iluminación, y de la segunda la baja calidad de los lentes. Ambas usaban placas de 12 exposiciones. Oliver Debroise, “IX. Contrapunto” en Fuga mexicana: un recorrido por la fotografía en México, pág. 255.

[18] Es decir que de una serie de tomas realizadas se desperdicien las menos posibles.

[19] “Esta cámara pequeña y ligera fue inventada en Alemania en 1924. Comparada con las grandes cámaras como el Speed Graphic [que usaban los fotoperiodistas de entonces], que pesaba cerca de cuatro kilos, la Leica aumentaba radicalmente la movilidad de los fotoperiodistas permitiéndoles moverse libremente, acercarse a los sucesos y sacar fotos desde el centro de la acción sin llamar demasiado la atención.” John Mraz, opcit., pág. 26. Sin haber visto el negativo de la fotografía, lo cual permitiría determinar fácilmente con qué tipo de cámara se tomó la fotografía, podemos conjeturar que sí fue tomada con una leica por varias razones: distintos autores de la bibliografía (Mraz y Debroise sobre todo) hacen hincapié en que los Mayo usaban desde la guerra en España estas cámaras y que siempre fueron su instrumento de trabajo, esto se ve reforzado por la multitud de fotografías en la que aparecen los Hnos. Mayo siempre con una Leica, y por último las diversas fotografías sobre el evento que se publicaron en la prensa se caracterizan por su cantidad, sus muy distintos ángulos y posiciones, y muy diversos puntos dentro del zócalo desde donde se tomaron, características que como ya se dijo facilitaría el uso de una leica.

[20] Ibid.

[21] Ibid., pág. 27

[22] Ibid.

[23] Aunque la sucesión presidencial después de Obregón no se definió nunca de manera violenta, no por ello dejo de haber intentos por que así fuera, desde la rebelión de De la Huerta en 1923 hasta el alzamiento del Secretario de Agricultura, Saturnino Cedillo, en 1938.

[24] Se entiende que Obregón, ni Calles después, no sustenta su valor político y su influencia en sí mismo, sino en el apoyo de diversos grupos de poder, en particular, el ejército.

[25] ARM

[26] Eduardo Blanquel, opcit., pág. 148

[27] Ibid.

[28] “El Presidente de la República, señor general de división don Manuel Ávila Camacho; los Gobernadores de los Estados y los Presidentes Municipales proclamarán hoy, a las 11 de la noche, en la ceremonia del “Grito”, la Independencia Económica de México, al vitorear a los héroes de la patria… De esta manera, la nación unánimemente y en el mismo instante, fundirá con patriótico entusiasmo su más alta aspiración de independencia integral.” El Universal 15/09/1942

[29] Durante el período beligerante México convino con EEUU el ingreso de miles de obreros y agricultores mexicanos que laboraran en sustitución de los estadounidenses que se hallaban en el frente.

[30] Llama la atención la extensión del ideario de la Unidad Nacional a muy diversos ámbitos de la vida cotidiana, es por ejemplo entonces que surge como un algo que favorece a la misma la expedición de credenciales que dan fe, como documento oficial, de la nacionalidad mexicana, también entonces se determina la existencia de una bandera nacional en cada embajada o consulado en el extranjero. Por otro lado surge la publicidad alusiva a la guerra y a la Unidad Nacional, para muestra un botón: un anuncio de Sidral Mundet que muestra en primer plano una botella de dicho refresco y al fondo un hombre y una mujer, con uniforme del ejército mexicano, que saludando marcialmente exclaman: “Lo mexicano siempre es mejor ¡lo saludamos!”

Enemigos íntimos: objetividad y cualidades estéticas en la fotografía documental

24 May
Publicado originalmente el 29 de septiembre de 2010.
Desde los inicios de las distintas técnicas que condujeron a la fijación de una imagen a partir del impacto de la luz, se planteo la posibilidad de que estas imágenes consiguieran de una vez por todas, de manera definitiva y absoluta la verosimilitud supuestamente siempre perseguida por la pintura[1], pero inalcanzable para la misma.

A grandes rasgos podemos decir que por la forma en que se produce la fotografía, es decir, a partir del accionar mecánico de un aparato que plasma en una superficie sensible la luz reflejada por los objetos, ésta siempre ha estado imbuida de un halo de objetividad[2]. Como parte de esto, muy pronto en los usos de la fotografía se afianzó la costumbre de fotografiar como una forma de documentar de manera fiel paisajes, guerras, personajes, catástrofes naturales, en fin cualquier espacio, acontecimiento, o circunstancia digno de ser recordado.

A pesar de ello las características técnicas de la cámara (tipo de lente, velocidad de obturación, formato de rollo, etc.), y las distintas variables con las que el fotógrafo puede jugar como enfoque, encuadre e iluminación, hacen de la fotografía una forma de producir imágenes tan influenciable como lo pintura. A partir del reconocimiento de las facultades creativas del fotógrafo, así como del reconocimiento de las cualidades estéticas que puede tener la fotografía a partir de la manipulación intencional (o no) que el fotógrafo hace de los elementos descritos arriba, es que la fotografía puede valorarse como un objeto u obra artística.

Si bien es cierto que toda obra de arte puede considerarse un referente de la realidad,[3] la fotografía pareciera ser el único procedimiento artístico para generar un referente directo, inmediato y verídico de ésta. Algunos autores incluso consideran que, mientras disciplinas como la pintura o la escultura “traducen” la realidad en tanto que están obligadas a hacerla pasar por el tamiz de su propio lenguaje; la fotografía “cita” la realidad, pues nos la ofrece congelada tal cual fue, encadenada por la cámara con una precisión inmejorable y como una huella del fenómeno experimentado.[4] La función de aludir directa y objetivamente a la realidad se acentúa en aquellas fotografías llamadas documentales, pues fueron concebidas y realizadas con el fin específico de llevar hasta el último límite las cualidades referenciales de la cámara.

Si la objetividad de la fotografía recae fundamentalmente en el funcionamiento mecánico e inmediato por el que se produce. Llama la atención la gran cantidad de fotografías documentales que, a lo largo de la historia, se han considerado objetos artísticos. Siendo que esta última cualidad depende fundamentalmente de la posibilidad del fotógrafo de influir en el proceso fotográfico y en su producto final. Las dos principales cualidades de la fotografía tienen su origen en procesos opuestos y enfrentados que sin embargo logran confluir equilibradamente en la fotografía documental. El objetivo de este ensayo es plantearse la forma en que estos procesos se desarrollan de manera simultánea, como parte de la producción y apreciación de la fotografía documental.

Comenzaré por definir la fotografía documental como cualquiera que pertenezca a los campos del fotoperiodismo, el documentalismo o la fotoilustración. Por un lado al fotoperiodismo corresponde la imagen mediática más reconocida y asentada. “es aquella que se vincula a valores de información, actualidad y noticia; es también la que recoge hechos de relevancia desde una perspectiva social, política, económica y demás…” [5] De manera muy similar el documentalismo, comparte el compromiso con la realidad, pero atiende más a fenómenos estructurales que a la coyuntura noticiosa. Por último la fotoilustración tiene como finalidad la mejor comprensión “de un objeto, de un hecho de un concepto o una idea, bien representándola miméticamente o bien interpretando visualmente rasgos esenciales para su comprensión…”[6] Los tres tipos de fotografía comparten la vocación de realizarse con un fin específico: expresar de manera verdadera una situación, acontecimiento o proceso que se desarrolla en el mundo real.

A primera vista, pareciera que la búsqueda de una expresión verdadera de la realidad implica de alguna manera la objetividad. La fotografía puede considerarse objetiva en primer lugar debido a su génesis histórico. Al tener origen en la doctrina positivista y en su ideal de conocer la realidad de manera empírica pero a través de procedimientos científicos, la imagen fotográfica queda marcada desde sus inicios por las ideas dominantes durante su nacimiento. Así el hecho de producir imágenes de manera mecánica, se concibe como un procedimiento científico en el que el hombre no puede tener injerencia alguna, de modo que se concibe incluso como “…el modo en que la naturaleza se representa a sí misma. Tal declaración ontológica sobre la esencia de la imagen fotográfica presupone la ausencia de intervención, y por tanto, la ausencia de interpretación[7].” Es decir, presupone la objetividad.

En segundo lugar la fotografía puede considerarse objetiva en la medida en que, a lo largo de los años, ha establecido con los espectadores una serie de cánones que parecen garantizar la mínima injerencia del fotógrafo en la imagen. De modo que toda imagen que aparente espontaneidad, o que privilegie lo fortuito y la intuición, será bendecida con la aureola de la verdad y la objetividad. La objetividad de la imagen fotográfica no radica en su asepsia o en la capacidad del fotógrafo para no intervenir en el proceso fotográfico, sino en el acuerdo tácito entre creador y espectador de validar una aparente pureza que en realidad es el cumplimiento de un código semiótico realista.[8]

Llamaremos función testimonial a la posibilidad de cualquier creación humana de constituir una huella o documento que dé testimonio de su momento de creación. La fotografía como procedimiento técnico de expresión, facilita[9] la función testimonial más que ningún otro medio debido a su carácter indicial, es decir a su generación a través de un fenómeno físico que se presenta desencadenado por la acción humana, pero no llevado a cabo por el hombre.

En 1965, en el libro Sobre las posibilidades de creación fotográfica, el teórico alemán Otto Steinert aseguró que existían cinco campos en donde el fotógrafo podía incidir en la imagen producida por la cámara: “la elección del objeto (o motivo fotografiado) y el acto de asilarlo de la naturaleza; la visión en perspectiva fotográfica [es decir la composición de la imagen]; la visión dentro de la representación foto-óptica; la trasposición en la escala de tonos fotográficos (y en la escala de colores fotográficos); el aislamiento de la temporalidad debido a la exposición fotográfica.”[10] Estos ejes de injerencia son los que posibilitan que el fotógrafo elabore imágenes que, en tanto que cumplen con los requerimientos del código semiótico realista, son objetivas; y son estos mismos ejes los que permiten al fotógrafo construir una imagen que pueda considerarse artística.

El diferente aprovechamiento de estos campos, permite que la fotografía tenga una infinidad de posibilidades creativas, las cuales dependen de las combinaciones (intencionales o fortuitas) que efectúe el fotógrafo. Una fotografía puede considerarse arte en la medida en que este acorde o responda a valores estéticos y que participe de un modo de comunicación humana, “que es tanto un intercambio simbólico como una práctica material consistente en la producción de significado y presencia física”[11].

Nuevamente depende de las posibilidades del fotógrafo y el espectador de establecer un pacto tácito en donde la imagen en cuestión corresponda a un código semiótico que ambos puedan considerar artístico, en donde se haga evidente para ambos que la fotografía trasciende una función de pura referencialidad del mundo y tiene una función de autoexpresión para su creador.

La fotografía documental resulta objetiva o artística en la medida en que su potencial expresivo no reside en la fotografía en sí, ni en el negativo ni el soporte material ni en el acto fotográfico; sino en los diferentes grados de pertinencia informativa, es decir, de una situación particular “acordada” entre el fotógrafo y el espectador (a partir de aquí denominados “los sujetos”). Esto se da por una proyección de valores personales que proceden de los sujetos pero que no residen de la imagen en sí. La fotografía es ambigua por definición, pues a pesar de la exactitud y mecanicidad de su técnica representativa, somos nosotros, los sujetos, quienes no podemos evitar atribuirle significados en todo momento.

Las fotografías documentales pueden ser simultáneamente objetivas y artísticas por la versatilidad de los sujetos para hacer pactos simultáneos que de manera igualmente satisfactoria cumplan con un código semiótico realista y con uno artístico, que privilegien tanto la objetividad como la artisticidad. Así

“La realidad nos ofrece los escenarios en que ocurre lo mejor y lo peor de nuestras vidas, es decir, lo que nos transforma; fascinante y a menudo incontrolable, nos obliga al aprendizaje fundamental de convivir felizmente con la incertidumbre que provoca. La foto de realidad entre la culturización de la vida y de la experiencia, y lo que se escapa a esa posibilidad de control, es uno de los ámbitos más ambiguos y fascinantes en los que se puede mover un creador.”[12]Acorde con esto, no debe pensarse que la fotografía documental debe, en pos de su objetividad, disminuir al mínimo la manipulación que el fotógrafo se permite en la creación fotográfica. El valor de la objetividad no reside en la cualidad de verdad, sino en la función testimonial. “Es difícil poner límites a la forma de representar la realidad. Someter el documento a unas reglas de estilo, a unos códigos restringidos es empobrecer la calidad de la comunicación, cercenarla con estereotipos invariables…”[13] Aquél que piense que la calidad de un testimonio radica en su pureza y no en su capacidad de generar significados, esteriliza de manera miope las posibilidades creativas, políticas, sociales y humanas de cualquier medio artístico.

La posibilidad de la fotografía documental para que los sujetos establezcan en torno a ella acuerdos tácitos que la validen simultáneamente como objetiva y artística, radica en la ambigüedad intrínseca de toda fotografía.

La fotografía únicamente puede ofrecerse como evidencia irrefutable de que aquello que aparece en la imagen existió, pero no puede manera fidedigna dar ningún tipo de información sobre las características o circunstancias del objeto fotografiado. No al menos, por sí misma. Esto se debe a que una fotografía “detiene el flujo del tiempo en que alguna vez existió el suceso fotografiado”[14] y por ello, a diferencia de los sucesos pasados, no pueden conducir al presente y generan necesariamente un golpe de discontinuidad.[15]

La ambigüedad de una, de toda fotografía, radica en esa discontinuidad, pues el significado únicamente se construye a través de conexiones, de vínculos, de una historia. Por ello ante la fotografía necesariamente proyectamos nuestra experiencia del mismo modo que lo hace el fotógrafo, y esto es lo que nos lleva a pactar con él. A conectarnos con él a través de la imagen fotográfica, construyendo significados juntos.

[1] En Arte e ilusión Ernst Gombrich enumera múltiples ejemplos a lo largo de la historia en los que el arte no busca la verosimilitud a través de la semejanza sino a partir de la función simbólica que ejerce la obra o los elementos de la misma.

[2] A lo largo de todo el ensayo siempre que se utilice el término objetivo, me refiero a aquello que una sociedad piensa históricamente que refiere la verdad con la mayor semejanza sin interferir en ella. A nada más, ni a nada menos.

[3] Por supuesto esta referencia no siempre es figurativa ni directa.

[4] John Berger y Jean Mohr, Otra manera de contar, págs. 85-91

[5] Pepe Baeza, Por una función crítica de la fotografía de prensa , pág. 32

[6] Ibid. pág. 35

[7] Joan Fontcuberta, El beso de Judas, pág. 26

[8] Joan Fontcuberta, op cit. pág. 124

[9] El hecho de que sea el medio que más la facilita no implica de ningún modo que los testimonios obtenidos por este medio sean mejores que aquellos de medios distintos.

[10] Apud. Joan Fontcuberta, op cit. pág. 125

[11] Allan Sekula, “Desmantelar la modernidad, reinventar el documental. Notas sobre la política de la representación” en Jorge Ribalta, Efecto real, pág. 35

[12] Pepe Baeza, , op cit. pág. 48

[13] Ibid. pág. 45

[14] John Berger, Otra manera de contar, pág. 86

[15] Ibid.