Archivo | Textos RSS feed for this section

Retar es el reto

22 Oct

DSC_1450

A principios de mes la revista Cuartoscuro publicó en su versión en línea un texto sobre Itala  Schmelz, recientemente nombrada la nueva directora del Centro de la Imagen (CI). Aunque publicada en la sección de entrevistas, se trata de un artículo panorámico sobre los retos que afrontará la nueva directora, aderezado aquí y allá con algunas declaraciones de su parte. Me queda claro que el texto sirve tres propósitos: dar la bienvenida a la nueva funcionaria, poner a la comunidad fotográfica al tanto de su trayectoria y señalar públicamente, o al menos en el espacio de la opinión pública, los retos a los que se enfrentará su gestión. Este último propósito de alguna manera implica que Cuartoscuro se nombre a sí misma, portavoz de la comunidad fotográfica mexicana; planteamiento que no me molesta, aunque sí me disgusten las conclusiones que de ello se derivan.

Novillero Carlos Rodriguez

Santiago Serrano

No sé si Cuartoscuro sea la mejor revista de foto a nivel nacional, pero me queda claro que, de entre las que merecen tal nombre, es la de mayor distribución y la que tiene una trayectoria más sólida. Celebro su perenne accesibilidad y su vocación de equidad (entre géneros, tendencias, autores, etc.). Por ello me alarma el conservadurismo que palpita a lo largo de toda la entrevista, pues si ésta es realmente vocera de las inquietudes fotográficas actuales, andamos muy poco actuales quienes formamos parte del gremio.

ci

Para empezar, por más acertada que me parezca la decisión de Schmelz de poner orden en la casa antes que nada, ello no puede considerarse, a ninguna escala, parte de un proyecto cultural. Pienso que es importantísimo realizar una reestructuración administrativa como la que propone, y concluir, lo antes posible, las obras de remodelación del recinto. Pero la primera acción se trata de una reforma organizativa y la segunda de una acto de elemental justicia arquitectónica. Aplaudo su decisión por impulsar que el CI vuelva a tener el estatus de dirección de CONACULTA, al mismo nivel que la Cineteca o Fonoteca, pero ello no es más que una reivindicación. Reivindicación certera, necesaria y justísima, pero reivindicación al fin y al cabo; la cual además no le corresponde esgrimir a ella, a pesar de que a ella le toque su ejecución. Todos nosotros, quienes integramos el gremio y permitimos que un escaño inferior fuera asignado a la fotografía por debajo de otras disciplinas, debimos desde hace tiempo escocer a las autoridades culturales en torno a ese tema.

claudia_hans

Claudia Hans

También me parece acertada su vocación por dar continuidad a los proyectos (educativos, museográficos y/o culturales) de probada efectividad que el CI ha mantenido durante tantos años; pero precisamente en este punto es dónde empieza a ponerme incómodo el texto. A partir de ahí, y salvo una breve mención al cruce de la foto con otras disciplinas o medios, el artículo se pone peligrosamente conservador. No quiero ser malinterpretado, no niego la aplastante pertinencia de su actual programa de trabajo y del papel que Fotoseptiembre y Luna Córnea, por mencionar algunos proyectos del CI, han jugado en la cultura nacional. No niego nada de esto. Pero hoy, no basta.

bertha_cervantes

Bertha Cervantes

Acabar con el desmadre, poner fin a las obras, satisfacer reivindicaciones y asegurar más de lo mismo, no es un reto. Será una chinga y será bastante, pero no será suficiente. No pretendo de ninguna manera tener la arrogancia de decir que sí debe de hacerse o cómo es que sí deben de plantearse las agendas culturales. También me parecería absurdo pensar que, con poco menos de un mes en el puesto, Schmelz esté en posibilidades de presentar una propuesta concreta e innovadora de cómo es que debe vivir la fotografía nacional. No es mi punto, ni me atreveré a hacer tales declaraciones refugiado detrás de la pantalla.

roberto_tondopo

Roberto Tondopó

Y es que el punto, no es Schmelz, ni el CI, sino nosotros. El reto no es de ella, sino nuestro. Estoy seguro de que, respaldada en su trayectoria, Schmelz podrá en pocos meses articular una agenda atractiva para todos los que integramos el medio fotográfico. Pero el verdadero reto, está en nosotros como comunidad cultural, en que logremos reformular nuestro vínculo con la institucionalidad para satisfacer nuestras necesidades. Por ello las conclusiones del artículo en Cuartoscuro me parecen peligrosas por conformistas. Pensar que el reto está en volver a la normalidad, es una solución mediocre. El reto es cómo una comunidad cultural, logra relacionarse con las autoridades para que ambos se adecuen a las circunstancias actuales. ¿Cómo lograremos abrirle espacio a las artes digitales? ¿Cómo reestructuraremos la educación en la realidad multipantallas? ¿Aún vale la pena un sistema centralista como el actual o conviene plantearse una salida como la del Sistema Nacional de Fototecas? Todas estas preguntas y más, son y serán el reto; siempre y cuando quienes integramos la comunidad fotográfica mexicana, lo convirtamos en tal cosa: retar es el reto.

*Todas las imágenes de este texto fueron tomadas del sitio del Centro de la Imagen.

Anuncios

Condensar la desazón

17 Sep

1239462_561165733931012_196640026_n

Sucio de pobreza, un niño mira al suelo y extiende con la mano izquierda la bandera mexicana que sostiene con la derecha. La imagen fue tomada el pasado 12 de septiembre en la colonia “18 de octubre”, un asentamiento irregular con más de 15 años de antigüedad, una de las zonas más marginales de Matamoros, Tamaulipas. Ese mismo día, el autor Gastón Saldaña subió la imagen a sus cuentas de Facebook, en dónde acumuló, en tan sólo tres días, casi cuatro mil likes y doce mil compartidos. A pesar de conocer al autor, no llegué a ella por su perfil,  sino por los muros de múltiples amigos, familiares y conocidos facebookeros.  La imagen era presentada por todos ellos como una especie de condensación de un sentimiento generalizado o por lo menos bastante común: una especie de desazón patria que va desde el sutil desencanto al encabronamiento iracundo.

1010045_537391836308402_1453809807_n

A pesar de su aparente ubicuidad, dicho sentimiento pertenece a un grupo muy concreto de mexicanos: aquellos molestos por la situación nacional. Una descripción tan ambigua se justifica únicamente por la enorme diversidad de fenómenos que cualquiera podría nombrar como componentes de nuestra debacle, desde las reformas energética, educativa y fiscal, hasta la silenciosa continuidad de la guerra contra el narco. Por supuesto, no todos quiénes integramos este grupo valoramos de la misma manera los fenómenos mencionados; sin embargo todos nosotros reaccionamos a ellos animados por la costumbre, impulsada por nuestro añejo nacionalismo, de considerar que septiembre es “el mes de la patria”. En semejante contexto, el éxito de la imagen es fácil de explicar.

1017012_548252165222369_1463635267_n

Más allá de las circunstancias actuales, la fotografía cuenta con diversos elementos que favorecen su efectividad.  En términos de iluminación y composición tiene una precisión envidiable. Digo precisión y no perfección, pensando que no existe tal cosa como la elaboración perfecta de una imagen, sino decisiones más o menos pertinentes según el objetivo del autor. Por otro lado, cuenta con una alta calidad estética, cuyo perfil o personalidad NO es la del documentalismo tradicional. Aquí podemos ver tonos, texturas y contrastes característicos del HDR, más usuales en las puestas en escena con fines publicitarios o comerciales.

1150322_548237145223871_2089153051_n

La imagen tiene varios guiños interesantes. El niño parece extender la bandera para arroparse con ella, remitiéndonos al heroico suicidio de Juan Escutia. Más allá de la risible fábula que son los Niños Héroes en la Historia Nacional, lo cierto es que la imagen del heroico cadete que se arrojó al vacío, ha permeado profundamente en nuestros valores personales asociados a lo heroico, lo patrio y la relación entre ambos conceptos. Este niño nos recuerda ese sacrificio, que en su caso parece ineludible y obligado, forzado por la miseria económica.

1001841_531037623610490_1628503992_n

Voluntaria o involuntariamente, el gesto del niño también tiene una fuerte semejanza con otro de los grandes sacrificados siempre presentes en la mentalidad nacional. No puedo evitar ver en esos brazos extendidos y en la cabeza gacha, la imagen de Jesús de Nazaret. A pesar de la supuesta laicidad nacional  y de la existencia de los millones de mexicanos que no practicamos ningún tipo de culto, debemos aceptar que muchos de los valores, costumbres y prácticas consideradas como “nacionales” guardan fuertes vínculos con el ejercicio del catolicismo. El asociar la infancia con la esperanza y el pensar la prosperidad futura condicionada al desarrollo exitoso de los niños de hoy, son ideas emanadas de la parte cristiana de la Biblia. Me parece que estas dos ideas están presentes en una gran parte de quienes se sintieron tocados por esta imagen.

71964_492879010759685_611246830_n

Hay algo más que encuentro interesante en la fabricación de esta foto: en su cuenta de Facebook, algunas horas antes de publicar la imagen, Saldaña anunció “salgo a tomar fotos me voy con una bandera de México y a ver que sale!”.  Este gesto me recuerda inevitablemente aquellos efectuados por Yevgeni Jaldéi y Joe Rosenthal, en sus fotografías de Berlín e Iwo Jima respectivamente. Ambas imágenes han recibido fuertes críticas históricas por su calidad de puestas en escena, lo cual contrasta con la lectura de la foto que nos ocupa. Aquí el montaje es evidente y no parece molestar en lo absoluto a ninguno de los lectores de la fotografía. La foto es a sabiendas fabricada y, a los ojos del espectador, ello no le resta en absoluto ningún tipo de calidad informativa.

1239462_561165733931012_196640026_n

Esta fotografía fue muy bien recibida por un buen número de consumidores de imágenes. En este texto quise evidenciar cómo su éxito se dio a pesar de, o gracias a que, no cumple con los cánones del documentalismo tradicional. No es foto directa, no fue difundida por medios masivos de comunicación y no se alinea con las normas estéticas de la imagen documental más usual. El resto de imágenes que ilustran este artículo forman parte del trabajo de Saldaña en la colonia “18 de octubre”, con todas ellas logra condensar la desazón que se ha vuelto tan usual para muchos de nosotros.

Que no panda el cúnico o la supuesta falsedad de la fotografía de Paul Hansen

14 May

Entierro en Gaza, Paul Hansen, 2012

El día de hoy el periódico Excélsior publicó una nota en donde asegura que es falsa la fotografía con la que el sueco Paul Hansen obtuvo el galardón 2013 de World Press Photo. Hoy mismo la prestigiada asociación holandesa emitió un comunicado en donde pone fin a las especulaciones y aclara su postura ante el asunto.

La indignación y el debate sobre la posible falsedad de la imagen, surgieron entre nosotros a gran velocidad. Con la misma rapidez debiera ahogarse, pues con los puntos sobre las i’es, no hay más tema que discutir; sin embargo, tiendo a pensar que esto no sucederá. La nota de Excélsior apareció por la mañana y a lo largo de todo el día he podido ver su reproducción en redes sociales acompañados de socarrones “tenía que ser!” y molestísimos “que le quiten el premio!!!”. Aunque desde las 13:00 hrs (aprox.) el comunicado de WPP está disponible en línea, este ha sido mucho menos reproducido que las notas difamatorias hacia Hansen.

Me preocupa que a pesar de los graves errores de la nota de Excélsior, la mayor parte de los integrantes de nuestro gremio se quedaron únicamente con lo más básico y amarillista de la nota: “Paul Hansen editó la fotografía superponiendo hasta tres instantáneas en una sola para impresionar a los jueces y llevarse el premio.” ¿A qué tipo de errores me refiero?

1) La nota es absolutamente tendenciosa. Yo no creo en la objetividad, me parece que en cualquier acto humano hay implícita una toma de postura y que no puede escribirse, ni fotografiarse, sin imprimir una huella personal en la obra final. Aunque no creo en la objetividad, si creo, y espero y deseo, la imparcialidad. Ésta no es otra cosa que la noción de justicia más elemental, la voluntad de otorgar a todas las partes, en un dilema irresoluto, la misma oportunidad para expresar su punto de vista. La nota de Excélsior no lo hace, no menciona en ningún momento las aclaraciones previas de Hansen ni de WPP e incluso omite que, en la misma ceremonia de premiación, el fotógrafo admitió haber manipulado la imagen.

2) La nota utiliza inapropiadamente lenguaje técnico con el fin de reafirmar su postura. Con frases como “a foto en RAW fue complementada en tres tiempos distintos” o “se modificó la imagen por regiones en Photoshop” da la impresión de sustentar con sólidos argumentos la falsedad de la imagen, sin embargo, para el público en general estas frases significan muy poco. El comunicado de WPP explica detenidamente como, aunque estas afirmaciones son ciertas, ello no implica la modificación sustancial del contenido de la imagen.

3) La nota tiene un pésimo sustento de fuentes. Está basada en el artículo publicado por una escuela virtual de periodismo, que a la vez se fundamenta en un blog que utiliza como fuentes el blog personal de un perito. Adicionalmente afirma hechos completamente falsos como que Hansen se rehusó a entregar el archivo RAW o que WPP anularía el galardón.

Cualquiera que hubiese reparado en estos errores, desconfiaría de manera natural y casi en automático de la nota, sin embargo casi ninguno de nosotros se detuvo a reflexionar sobre la información proporcionada y simplemente la dimos por cierta por provenir de un medio de renombre nacional o por ser enunciada por un grupo de expertos (argumentum ad verecundiam). Como integrantes del gremio fotográfico, ya sea como creadores, teóricos, curadores o espectadores, nuestro deber es mantener una postura crítica ante cualquier argumento que se nos presente. Si no podemos hacerlo ante la discusión del trabajo de uno de nuestros colegas, ¿cómo esperamos hacerlo ante otros temas?

Dormir con judas

8 Mar

El 24 de febrero de 1955 en Barcelona nació Peter Ameisenhaufen, un naturalista alemán dedicado a la clasificación taxonómica de exóticas especies. Ese mismo día, en esa misma ciudad española, nació el coronel Ivan Istochnikov, cosmonauta soviético desaparecido en medio de la Guerra Fría. También vio la luz el reportero que desenmascaría a los monjes de Valhämonde, el arqueólogo descubridor del hydropitecus, el fabricante de googlegramas, el fotógrafo y el teórico Joan Fontcuberta.

Imagen

Ganador del Premio Hasselblad de este año, él es todos y uno. Fontcuberta es un hombre que no aterriza fácil en ninguna categoría. Camaleón incansable, transita entre la imagen, el texto y las artes performáticas, fungiendo como curador o estudioso cuando no como creador y personaje. Activo desde hace más de 30 años, su trabajo se ha dedicado a explicar las relaciones que como personas, comunidades y sociedades establecemos con la fotografía; particularmente en el vínculo entre la verdad y la imagen fotográfica, el cual aprendimos a pensar como inevitable.

Imagen

A esa lectura casi forzosa, esa mirada que socialmente convertimos en natural, la llama el beso de judas, saliva bebida con los ojos que en amoroso gesto nos traiciona. Se nos ha ofrecido como cierto y verdadero lo falso y mentiroso, como congénito lo inoculado; Fontcuberta nos confronta con la percepción y perspectiva construida desde el nacimiento mismo de la fotografía. Desde Hippolyte Bayard hasta Cindy Sherman, muchos autores han cuestionado esa idea, pero pocos desde tantos frentes distintos. Su multiplicidad no radica en la cantidad de proyectos, sino en la variedad de papeles desempeñados y en la capacidad de ir más allá de la imagen fotográfica incursionando en terrenos cercanos al performance para convertir al medio, al espectador, a los dispositivos de interacción e incluso al imaginario colectivo, en parte de la obra.

Imagen

Fontcuberta creó al taxónomo Peter Ameisenhaufen descubridor de múltiples y fantasiosas especies. Como fotógrafo elaboró imágenes de bestias híbridas, bautizándolas con la nomenclatura de Linneo. Puliendo delicadamente cada detalle visual, nos muestra a las criaturas en movimiento, en su estado salvaje, interactuando con el falso científico. No se quedó ahí. Elaboró dibujos anatómico-descriptivos de los animales, montó un imaginario gabinete de trabajo, redactó día a día los diarios de viaje del viajero nonato y mediante conjuros taxidérmicos se hizo con los cuerpos de las especies descritas. Todo esto lo exhibió en el Museo de Historia Natural, anunciando con bombo y platillo su magna burla del poder que conferimos al matrimonio de la fotografía y el museo, cuestionando artística y humorísticamente la supuesta validez del conocimiento científico.

Imagen

En otro proyecto infiltró en una reserva geológica de la Alta Provenza, varios fósiles de sirenas, bautizándolas como hydro pitecus. Apoyándose en las abundantes leyendas locales, obligó a los espectadores a confrontarse con la paradoja de aceptar como verdad un ser y un hecho mitológicos, simplemente por estar validados por la arqueología moderna. De vocación siempre pedagógica, Fontcuberta no inventa para engañar; no oculta, devela, diciendo mentiras para contar verdades. De manera similar se condujo al autorretratarse como el coronel Ivan Istochnikov (traducción rusa de su nombre) para el proyecto Sputnik. En dicha ocasión se dedicó a narrar la vida de un astronauta ruso, caído en desgracia en plena carrera espacial, perseguido por el poder y desaparecido misteriosamente.

Imagen

Pocos escriben tan bien con la luz, como con la tinta y las principales obras de Fontcuberta, El beso de judas y La cámara de Pandora, son ya libros fundamentales para entender el panorama de la fotografía después de la fotografía; a él debemos también la elaboración del Decálogo postfotográfico. Fiel a los planteamientos de sus textos, ideó los googlegramas. Se trata de fotografías icónicas de nuestro tiempo, reconstruidas como mosaicos de imágenes descargadas de google. Para ello el autor ideó un software que le permite integrar el mosaico únicamente con fotografías que responden a cierto criterio de búsqueda. Con ello cuestiona las lecturas monolíticas que realizamos de las imágenes más relevantes de hoy, reafirmando el papel de las lecturas polisémicas en el universo digital.

Imagen

El reconocimiento obtenido, la validación internacional por el llamado nobel de la fotografía, es un premio a su versatilidad camaleónica y, por lo mismo, una reconocimiento a todas las disciplinas, perfiles y maniobras de quienes pertenecemos al mundo de la imagen. El premio constituye un desafío a las concepciones tradicionales de la fotografía y redefine al autor del mundo audiovisual, como un ser necesariamente polifacético y multidisciplinario. Ya sea como fotógrafo, como curador, teórico o especialista del fraude, Fontcuberta devela y exhibe nuestra devoción fotográfica, nuestra pasión desmedida y religiosa por un mecanismo de comunicación que erigimos en mecanismo de verdad. Con cada imagen, texto o montaje, nos muestra el beso de Judas que transformamos en caricias pródigas y cotidianas. No bastó un sólo beso, preferimos dormir con Judas. Enhorabuena por un reconocimiento tan merecido y por las implicaciones futuras que esto tendrá en el mundo de la imagen.

Imagen

El poder de la imagen en nuestro tiempo

19 Jul

 

En la época de medios para todos, donde cualquiera puede ser fotógrafo, la contundencia sólo puede darla un ojo entrenado. El ojo de quien tiene la capacidad de pasar de la idea a la imagen, de usar las herramientas a su disposición para contar lo que quiere decir.

 

Con esta contundente declaración sobre la contundencia, comenzó Kenia Nárez la conferencia que impartió junto con Fernando Montiel Klint el pasado 17 de julio en la Casa Coyoacán de la Fundación Pedro Meyer. Como parte del programa del diplomado de Fotonarrativa y nuevos medios, la conferencia trató sobre la forma en que los medios actuales han modificado los dispositivos de exhibición, centrándose en el fotolibro y en el rol que la edición tiene para el trabajo del creador visual.

 

 

Ambos fotógrafos nos llevaron por poco más de una hora a través de múltiples ejemplos de fotolibros, revistas, ebooks y otros dispositivos de exhibición, que permiten al fotógrafo actual definir la forma en que el espectador interactúa con sus imágenes. Hicieron énfasis en la forma en que la edición dota de sentido a la obra fotográfica y se explayaron en la enorme cantidad de elementos a tomar en cuenta, desde el papel y la tipografía, el título y formato, hasta el ritmo de lectura y las líneas de dirección de las imágenes. Todos estos elementos levantan y refuerzan el discurso del fotógrafo, convirtiéndose en parte del mensaje mismo.

 

Aunque ambos elogiaron el uso de los medios digitales, también se pronunciaron por el valor del libro como objeto, considerando que lo análogo no ha muerto y únicamente está evolucionando. Al final el público asistente, así como quienes pudieron presenciar la conferencia por internet, hicieron distintas preguntas, redondeando con ello las reflexiones de la noche.

 

 

 

 

 

Las venas abiertas

4 Jun
Publicado originalmente el 1º de marzo de 2011.


Sólo despacio puede caminarse sobre los escombros. Lento, una familia, o un grupo de vecinos o quizás un grupo de desconocidos, se desplaza cabizbaja entre las ruinas. Una nube de polvo y humo ocultan las perspectivas y el horizonte.
Lo que fue avenida, acera, muro, sólo es pedacería urbana e inservible. Trozos de ciudad revueltos en el deshuesadero de la vida cotidiana: muebles, cables, barandales, letreros de la calle.
En un principio podría ser cualquier catástrofe en cualquier lugar del mundo. A pesar de ello el subdesarrollo late en imagen, en los postes de luz que denotan una pobre infraestructura, en ese carcomido que todos los edificios parecen exhalar desde antes de la tragedia. Se intuye en la imagen que no se trata de Londres o Tokio, sino de Kabul o Nueva Dehli, de Kigali o Mogadiscio.
En esta fotografía asistimos a la ruina de Puerto Príncipe, devastada por un sismo de 7 grados en la escala de Richter el 12 de enero de 2010. Haití se sacude hasta derrumbarse. En el país más pobre de América se rasga y destroza el suelo y la vida de miles de personas. La ciudad se vuelve inservible. Pierde su habitabilidad y su posibilidad de lo cotidiano. Se convierte en un lugar donde no se vive, aunque en ella se sobreviva.
La imagen nos muestra el martirio de los que quedan. Aunque concedo que pueda estarse mejor vivo que muerto, ello no implica el milagro de la supervivencia, el bienestar en el sobrevivir. Vivir para contarla, salvarse para ser un exiliado en tu propia ciudad, en tu propio país; vivir para enterrar a los muertos y para reconstruir la vida de los vivos, para pasarse una eternidad añorando y tratando de seguir adelante. Así caminan los personajes de la imagen. Así llevan su miseria de forzados nómadas urbanos.
Con esta imagen Daniel Aguilar obtuvo el Premio Rey de España en la categoría de Fotoperiodismo de la edición 2010. La fotografía pertenece a la serie Las venas abiertas de Puerto Príncipe publicada en la revista MX tan sólo unos días después del sismo. El jurado destacó la gran intensidad de la imagen de Aguilar, que “capta con enorme fuerza plástica la desolación y el drama humano vividos en Puerto Príncipe después del terremoto.”
Con esta fotografía asistimos a la miseria, a la tragedia más honda, a la implacable fuerza que en breves momentos arruina (convierte en ruinas) la vida de miles personas, de un país entero. En ella podemos ver realmente las venas abiertas de Puerto Príncipe, venas que, rotas, sangran sobrevivientes.
Más allá de lo visual, el título hace referencia a Las venas abiertas de América Latina, libro mítico de Eduardo Galeano cuyo contenido resignifica por completo la imagen de Aguilar. Publicado por vez primera en 1971, en un momento de fuertes choques políticos y sacudidas sociales en toda América, el ensayo de Galeano recapitula la historia de sus pueblos poniendo énfasis en la explotación de la ha sido objeto el continente. En el contexto de las distintas movilizaciones sociales latinoamericanas, enfrentadas a las dictaduras militares de aquellos años, el libro se convirtió en un ícono de la resistencia, en un emblema de la oposición al capitalismo salvaje. Galeano se enfoca en la forma en que el saqueo sistemático de los recursos naturales, es causante directo de la pobreza, hambruna, desigualdad y miseria que aquejaban, y aún aquejan, a América Latina.
Por supuesto Haití forma parte de la obra. Galeano narra la despiadada producción de azúcar durante la colonia, obtenida y comercializada por medio del trabajo esclavo; la sangrienta guerra librada para conseguir la independencia nacional y el posterior bloqueo económico que padeció la isla por parte de Inglaterra y Estados Unidos. Describe el ingreso de Haití en el mercado internacional, la preferencia dada al cultivo de caña y café, relegando la siembra de productos de consumo nacional; la sumisión ante la voluntad del mercado estadounidense, maquilando masivamente productos como cassettes y pelotas de béisbol; el régimen despótico de los Duvalier y la miseria sofocante del país más pobre del hemisferio occidental.
Al elegir el título Las venas abiertas de Puerto Príncipe, Daniel Aguilar hace referencia al contenido del libro de Galeano, a la pobreza crónica del pueblo haitiano. Las fotografías van más allá. No sólo muestran la catástrofe telúrica, sino la forma en que la magnitud del sismo se engrosa por la miseria que la isla viene arrastrando desde hace siglos.
El resto de las imágenes lo reafirma. Una hilera de sobrevivientes espera, sometidos por una pobreza totalitaria, en una fila interminable; un soldado mira, y nosotros miramos en el reflejo, la miseria que queda tras el saqueo sísmico; un hombre es extraído de la humildad absoluta de los escombros; un muerto yace en el suelo y quienes quedan huyen sin poder escapar de la pobreza exacerbada impuesta por el terremoto y por la Historia.
La catástrofe va más allá del sismo. La fotografía galardonada nos muestra las venas abiertas de Puerto Príncipe. El pauperismo late en la imagen de una calle que nunca fue esplendorosa, de unos edificios que antes de derrumbarse sólo conocieron el salitre y el carcomer del subdesarrollo. La ciudad se desangra. De las heridas brotan los náufragos telúricos, que son también los náufragos de su pobreza.





Links de interés:

Fotografía y memoria

4 Jun

Publicado originalmente el 29 de noviembre de 2011.


Para todo aquel con dos dedos de frente, la relación entre fotografía y memoria parece obvia. Habitualmente este vínculo se piensa en función de la capacidad referencial de la imagen, esto es, en la posibilidad de la fotografía de referir, mostrar y evocar acontecimientos o circunstancias del pasado. Las fotos de una boda, del cumpleaños de mi abuela, las imágenes de Héctor García sobre el movimiento vallejista, o las fotografías de Koudelka sobre la invasión soviética de Checoslavaquia, buscan aludir a un momento del ayer, a un hecho del que debe quedar memoria. Podemos decir que Koudelka y mi abuela tienen en común un afán por preservar, a través de un lenguaje visual, un acontecimiento significativo. Por supuesto la significación es distinta, pues a pesar de la enorme trascendencia que la abuela ha tenido en mi vida (yo no sería quien soy sin sus abundantes desayunos), sería iluso comparar el impacto de su cumpleaños con la ocupación militar de un país en el contexto de la Guerra Fría. A pesar de ello, dichas fotografías nacen todas del mismo impulso primigenio del hombre por conservar, en este caso a través de la fotografía, lo que ha sido, lo que fue, lo que pasó; sabiendo que la imagen goza de la mencionada capacidad referencial.


(Foto: Pedro Meyer)


La mayoría de nosotros estamos familiarizados con este tipo de vínculo entre fotografía y memoria, sin embargo “Un canguro llamado huachinango” (taller impartido en la Fundación Pedro Meyer) me llevó a pensar en los otros posibles nexos entre memoria y fotografía.
[1]

Como muchos sustantivos del español “memoria” es una palabra que puede utilizarse con muy diversos significados en una enorme variedad de circunstancias. “Memoria” es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Es la huella o vestigio (material o inmaterial) del ayer, o incluso el pasado mismo visto desde la actualidad del sujeto. Hacer memoria es el acto mediante el cual (consciente o inconscientemente) enunciamos para otros, o para nosotros mismos, acontecimientos del pasado propio o compartido. El mismo vocablo se utiliza para referirse a la facultad mental de todo individuo, al objeto material, al pasado propio y colectivo y al acto de recordar. Incluso se refiere a este supuesto espacio, pequeño cofre, dentro de nuestro cerebro, en donde cuidadosamente atesoramos aquello que recordamos, o creemos recordar, sobre lo que ha pasado en nuestra vida y en nuestro entorno.


Contrario a la multiplicidad significante de “memoria”, “fotografía” goza, como pocas palabras, de un significado casi unidireccional, lo cual no quiere decir menos flexible. A pesar de las dificultades de definir en qué momento preciso los calotipos, daguerrotipos y otros procedimientos contemporáneos a ellos, pueden considerarse propiamente fotografías; y a pesar del debate actual en torno a la validez o no de la manipulación digital; casi todo el mundo, aceptará el llamar “fotografía” a cualquier imagen consecuencia de la acción de la luz sobre una superficie sensible. Sobra decir que el término es, ante todo, versátil, pues resulta igualmente válido para denominar la imagen estenopeica, análoga o digital, entre muchas más.

Dicho en otras palabras, a pesar de la mencionada versatilidad, casi cualquier persona al ver una fotografía la reconocerá como tal y la llamará con ese nombre, y casi nadie llamará “fotografía” a un óleo, un poema, una escultura o cualquier producto de otra técnica de representación.


Pensemos lentamente en los múltiples significados de memoria. Repasemos somera e imaginariamente la amplitud de imágenes que (a pesar de sus enormes diferencias) son todas fotografías. ¿No será que la unión de memoria y fotografía es aún más fértil de lo que pensamos? La fotografía como memoria gráfica, como referencia, fotografía como huella, como pasado, fotografía como el acto mismo de recordar.


“Un canguro llamado huachinango” me mostró imágenes de jardines y cafetales, de mujeres, maniquíes, de circos, carnavales, del dolor de un poblado y del dolor de un pueblo. Amateurs, profesionales y escolares, análogas y digitales. Todas fotografías y todas con un distinto vínculo con la memoria, sin que estos sean excluyentes entre sí.


Sobre el primer nexo ya he hablado. La función referencial de la imagen fotografía crea la ilusión de exhibir el mundo tal cual es. La foto es entonces un recurso informativo que nos permite acceder a acontecimientos del pasado o del presente. Esto es lo que pasa al mirar las fotografías de los jornaleros en los cafetales y las barricas en donde duermen, o quizás al contemplar aquellas imágenes de mujeres dolientes, que en medio de un llanto sin lágrimas, esperan la llegada de un ataúd en Michoacán. En estos casos la fotografía nos muestra un fragmento de la realidad pasada, o al menos del presente recién transcurrido. La fotografía es en estos casos recuerdo.


(Fotos: Mauricio Jiménez)


Estas imágenes son también memoria futura, pues seccionan, cortan, seleccionan y fijan, un pedazo del mundo para los ojos de quienes estén después de nosotros, quienes construirán con ellas parte de su memoria al mirar nuestros periódicos, archivos, revistas o álbumes.


En otros casos las fotografías son el objeto mismo de la memoria. En aquellas imágenes que integran una carpeta de trabajo o un proyecto escolar, las fotos son el evento en sí mismo. No el recuerdo, sino el pasado. El objeto fotográfico, la impresión, el archivo, la toma, son entonces el acontecimiento que después será recordado. Las imágenes de mujeres y maniquíes, en aparadores o en la calle; la fotografía en que una muchacha entra solitaria a un vagón de metro; las imágenes de rabinos que transitan morados frente a fondos naranjas; o aquellas que muestran el desempeño de un estudiante que juega con las luces, las distancias, los objetivos. En todas ellas, la fotografía es a la vez objeto y suceso, y nuevamente se proyecta como memoria, como objeto de la memoria del mañana. El pensar la fotografía como acontecimiento, es moneda de uso corriente, pues es así como la abordan los historiadores, críticos y analistas de la imagen.



(Foto: Claudia López)


(Foto: Rodolfo Saldívar)(Foto: Xavier Aguirre)

También existen imágenes que reflexionan. Que transmiten sensaciones y opiniones personales o colectivas. Fotografías que juntas son un discurso gráfico, una elaboración visual y consciente del pasado. Las imágenes de un parque devastado, de plantas marchitas y senderos maltrechos, son una analogía de la incertidumbre y de la depresión. Del duro paso de la crisis que se respira en el aire y de quien la siente dentro del propio pecho.

(Foto: Alejandro Briones)

Las fotos del carnaval de Iztapalapa, de aquella profusión de charros, payasos, hadas y reinas, son una reflexión sobre lo pintoresco. Sobre la versatilidad de la cultura, sobre las espirales en que se funden fantasía y realidad, glamur y pobreza. En ambos casos la fotografía (la imagen fotográfica y el acto creativo que le da origen) es la forma en que construye el recuerdo, la técnica de que se sirve la memoria para pensar y caracterizarse.

(Fotos: Enrique Villaseñor)

Hay que pensar además en la fotografía como vehículo. No como recuerdo, sino como el acto en sí de recordar, de acordarse, de sentir nostalgia, de sumergirse viéndose por dentro a uno mismo y a los suyos. Las fotografías de tétricas montañas de zapatos, maletas, anteojos, único rastro material de quienes fueron injustamente asesinados en Auschwitz, transforman a la imagen en un canal entre la memoria personal y la colectiva, entre la memoria de una mujer y la de su pueblo. Las fotos del circo, de sus carpas y tráileres, de sus artistas y su colorida festividad itinerante, nos muestran el rostro de un hombre que muchos años antes se había liberado tomando fotos del circo. La fotografía (como imagen, como acto creativo y como fenómeno colectivo) es estos casos una forma en que el fotógrafo vuelve sobre su propio pasado.

(Fotos: Sergio Lubezky)

A pesar de lo contrastante de las temáticas, ambas series tienen mucho en común. En ellas la fotografía es una forma de visitar (o re-vistiar) la historia. Es aquí la foto un vehículo de la memoria, una vía de la introspección, una forma de volver sobre los propios pasos y adentrase hondo, hondo en la memoria. Es esto lo que pasa en los ojos perdidos, de quien vuelve sobre sus álbumes fotográficos y se encuentra consigo mismo en las imágenes familiares. La fotografía se convierte entonces, en uno de los pocos, poquísimos, mecanismos en la vida cotidiana, que llevan al ser humano a volver sobre su pasado, sobre su historia.


En todos estos casos la fotografía (entendida como la práctica que implica pensar, crear, mirar y conservar imágenes fotográficas) es una praxis individual y social vinculada a la memoria.

Hace poco, en un diplomado que nada tiene que ver con “Un canguro llamado huachinango”, dos queridos maestros aseguraban que antes la gente tomaba fotos para recordar, mientras que hoy lo hacían para olvidar. Sí y no. Lo que ellos quisieron decir es que antes del fenómeno digital, la gente común (el ciudadano de a pie, aquellos afortunados seres humanos con una cámara en su poder) solían fotografiar aquellos momentos que deseaban recordar. Aquellos momentos, actores, hechos o circunstancias que deseaban preservar dentro de su memoria. Por el contrario en la actualidad, la humanidad fotografía para NO recordar, esperando que la imagen sustituya al recuerdo, pues es tal nuestra capacidad para fabricar fotografías, y después para acceder a ellas, que dejamos de lado nuestro propio recuerdo. Según mis profesores: fotografiamos para olvidar.

Sí y no. Aunque el argumento construido en el párrafo anterior es harto convincente, falla en su percepción de lo que es la memoria individual y colectiva. Es cierto que la gente (tanto amateurs como profesionales, yo, usted, nosotros y ellos) fotografía para olvidar, sin embargo este fenómeno no es nuevo y, contrario a lo que parece, ello no se contrapone a fotografiar para recordar.

A primera vista un recuerdo se construye con lo que recordamos. Sin embargo, en una reflexión un poquito más profunda, la materia prima del recuerdo, de la memoria y también de la fotografía, es el olvido. Lo que no pudimos asir, lo que se escapa, lo que no vimos o no quisimos ver, que queda fuera de cuadro, lo que nunca notamos. La memoria se construye primero con lo que olvidamos (consciente o inconscientemente) y sólo más adelante, con todo aquello que sí conseguimos preservar y que re-interpretamos desde la circunstancia presente.

Se suele pensar a la memoria como un cofre de recuerdos, como palacio del pasado, como un rinconcito en el cerebro en donde hurgamos a voluntad buscando aquello que se recuerda. Los estudios sobre el funcionamiento del cerebro, han demostrado que lejos de ser una especie de computadora con un lugar específico donde se aloja la memoria, nuestra mente construye una memoria activa. Lejos de contar con el mencionado cofre, lo que existe es más bien el proceso dinámico de recordar o evocar. En otras palabras, no existen recuerdos fijos ni fijados en parte alguna del cerebro, recordar es más parecido a crear que a reproducir. El acto mediante el cual accedemos a la memoria, el acto de recordar, es flexible, cambiante y se encuentra marcado por nuestras preocupaciones, sentimientos y características presentes.

Es cierto que al fotografiar olvidamos (siempre lo hemos hecho), pero es a partir de lo que deja dicho olvido que construimos nuestros recuerdos y nuestras fotografías.

La praxis fotográfica es como la praxis de la memoria, pues toda fotografía tiene un fuera de cuadro mucho más grande que el contenido de la imagen misma. Ninguna fotografía dice más de mil palabras, entre otras cosas, porque siempre varia su significado por la circunstancia en que se hace pública o privada, por la situación presente de quien interactúa con ella.

Tantos y tan fuertes son los vínculos entre fotografía y memoria que incluso hemos convertido a la fotografía en una facultad, una capacidad específica, que, aunque adquirida, es insustituible para ver, pensar y leer el mundo a través de cierto tipo de imágenes. ¿Cómo y por qué se recuerda?, ¿qué ocurre en nuestro interior para hacernos capaces de evocar ciertas escenas, situaciones, nombres y personajes? ¿No será que muchos recordamos ya “fotográficamente” magnificando y absorbiendo lo visual por encima de lo que nos proporcionan nuestros otros sentidos? ¿No esto lo que pasa, cuando al ir caminando por la calle nos detenemos ante lo inusual, lo inesperado, y lo observamos fijamente para que quede grabado en la memoria como una imagen fotográfica? ¿No es así como vemos a quien nos ama, detenidamente, fotografiando mentalmente las líneas, lunares y pequeñas imperfecciones de su cara? Cuando recordamos la cuna de nuestra primera infancia ¿realmente la recordamos, o la sentimos palpitando dentro de la memoria por obra y gracia de aquella fotografía donde la hemos visto un millón de veces?

La fotografía y la memoria, son para el individuo y las sociedades occidentales actuales, dos caras de la misma moneda.


[1] “Un canguro llamado huachinango” fue impartido, en mayo de 2010, por Pedro Meyer, en la fundación que lleva su nombre. Las imágenes que se utilizan para ejemplificar las posibles relaciones entre memoria y fotografía, fueron realizadas por los asistentes al taller.