Archivo | marzo, 2013

Dormir con judas

8 Mar

El 24 de febrero de 1955 en Barcelona nació Peter Ameisenhaufen, un naturalista alemán dedicado a la clasificación taxonómica de exóticas especies. Ese mismo día, en esa misma ciudad española, nació el coronel Ivan Istochnikov, cosmonauta soviético desaparecido en medio de la Guerra Fría. También vio la luz el reportero que desenmascaría a los monjes de Valhämonde, el arqueólogo descubridor del hydropitecus, el fabricante de googlegramas, el fotógrafo y el teórico Joan Fontcuberta.

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Ganador del Premio Hasselblad de este año, él es todos y uno. Fontcuberta es un hombre que no aterriza fácil en ninguna categoría. Camaleón incansable, transita entre la imagen, el texto y las artes performáticas, fungiendo como curador o estudioso cuando no como creador y personaje. Activo desde hace más de 30 años, su trabajo se ha dedicado a explicar las relaciones que como personas, comunidades y sociedades establecemos con la fotografía; particularmente en el vínculo entre la verdad y la imagen fotográfica, el cual aprendimos a pensar como inevitable.

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A esa lectura casi forzosa, esa mirada que socialmente convertimos en natural, la llama el beso de judas, saliva bebida con los ojos que en amoroso gesto nos traiciona. Se nos ha ofrecido como cierto y verdadero lo falso y mentiroso, como congénito lo inoculado; Fontcuberta nos confronta con la percepción y perspectiva construida desde el nacimiento mismo de la fotografía. Desde Hippolyte Bayard hasta Cindy Sherman, muchos autores han cuestionado esa idea, pero pocos desde tantos frentes distintos. Su multiplicidad no radica en la cantidad de proyectos, sino en la variedad de papeles desempeñados y en la capacidad de ir más allá de la imagen fotográfica incursionando en terrenos cercanos al performance para convertir al medio, al espectador, a los dispositivos de interacción e incluso al imaginario colectivo, en parte de la obra.

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Fontcuberta creó al taxónomo Peter Ameisenhaufen descubridor de múltiples y fantasiosas especies. Como fotógrafo elaboró imágenes de bestias híbridas, bautizándolas con la nomenclatura de Linneo. Puliendo delicadamente cada detalle visual, nos muestra a las criaturas en movimiento, en su estado salvaje, interactuando con el falso científico. No se quedó ahí. Elaboró dibujos anatómico-descriptivos de los animales, montó un imaginario gabinete de trabajo, redactó día a día los diarios de viaje del viajero nonato y mediante conjuros taxidérmicos se hizo con los cuerpos de las especies descritas. Todo esto lo exhibió en el Museo de Historia Natural, anunciando con bombo y platillo su magna burla del poder que conferimos al matrimonio de la fotografía y el museo, cuestionando artística y humorísticamente la supuesta validez del conocimiento científico.

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En otro proyecto infiltró en una reserva geológica de la Alta Provenza, varios fósiles de sirenas, bautizándolas como hydro pitecus. Apoyándose en las abundantes leyendas locales, obligó a los espectadores a confrontarse con la paradoja de aceptar como verdad un ser y un hecho mitológicos, simplemente por estar validados por la arqueología moderna. De vocación siempre pedagógica, Fontcuberta no inventa para engañar; no oculta, devela, diciendo mentiras para contar verdades. De manera similar se condujo al autorretratarse como el coronel Ivan Istochnikov (traducción rusa de su nombre) para el proyecto Sputnik. En dicha ocasión se dedicó a narrar la vida de un astronauta ruso, caído en desgracia en plena carrera espacial, perseguido por el poder y desaparecido misteriosamente.

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Pocos escriben tan bien con la luz, como con la tinta y las principales obras de Fontcuberta, El beso de judas y La cámara de Pandora, son ya libros fundamentales para entender el panorama de la fotografía después de la fotografía; a él debemos también la elaboración del Decálogo postfotográfico. Fiel a los planteamientos de sus textos, ideó los googlegramas. Se trata de fotografías icónicas de nuestro tiempo, reconstruidas como mosaicos de imágenes descargadas de google. Para ello el autor ideó un software que le permite integrar el mosaico únicamente con fotografías que responden a cierto criterio de búsqueda. Con ello cuestiona las lecturas monolíticas que realizamos de las imágenes más relevantes de hoy, reafirmando el papel de las lecturas polisémicas en el universo digital.

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El reconocimiento obtenido, la validación internacional por el llamado nobel de la fotografía, es un premio a su versatilidad camaleónica y, por lo mismo, una reconocimiento a todas las disciplinas, perfiles y maniobras de quienes pertenecemos al mundo de la imagen. El premio constituye un desafío a las concepciones tradicionales de la fotografía y redefine al autor del mundo audiovisual, como un ser necesariamente polifacético y multidisciplinario. Ya sea como fotógrafo, como curador, teórico o especialista del fraude, Fontcuberta devela y exhibe nuestra devoción fotográfica, nuestra pasión desmedida y religiosa por un mecanismo de comunicación que erigimos en mecanismo de verdad. Con cada imagen, texto o montaje, nos muestra el beso de Judas que transformamos en caricias pródigas y cotidianas. No bastó un sólo beso, preferimos dormir con Judas. Enhorabuena por un reconocimiento tan merecido y por las implicaciones futuras que esto tendrá en el mundo de la imagen.

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